domingo, 29 de mayo de 2016

69. Lienzo natura




Salteadores de sueños llegan a Bandah con las últimas luces. Vienen a mamar de aquellas fuentes de rosas eternas que siguen calcinando de estrellas los libros de arena blanca. Una tradición que perdura en los anillos de crecimiento de las bestias y en las volutas de viento que, de soslayo, arrancan los clamores frívolos a sus parientes más petirrojos. En un clima desertor de lluvias y de vahos helados, las escenas se repiten de un durmiente a otro, de un mendigo cualquiera a un pudiente con nombre de familia rancia. Y en las ventanas ojerosas, tras leves pestañeos de memoria ram, los actores se desempaquetan en diálogos atribulados, con los enseres justos colgando de mataderos imaginarios. Las moradas se engalanan de franjas montañosas, de cauces de océanos sin mares, y de pompas de arroz. Esperan siempre que con dichos parabienes los conspicuos ilusionistas abatan, a capa y espada, sus dulces temores y les devuelvan los ardientes murmullos que perdieron de chicos, entre campos y tetas de algodón.

Al rey le gusta perfilar gardenias entre los caminos para que den sombra a los pasos lentos. O a aquellos reos que prenden entre coladores lo divino de cada vuelo mortuorio, al ritmo genético de granadas explotando versos y mariposas sin alas. Que los días se precipitan en el devenir de cada hora, latiendo lunas y rojas estepas, dando sentido y sensibilidad a los dedos pintores. Así que ¡a dormir mis fieles hermanos! Nubes ligeras florecen tras estampidos de trueno, y el sueño vacante tiñe de futuro la púrpura boca de los deudores de corazón.




¡Palabra de rey fantasioso!




Fotografía: A orillas de un Yo, desordenado