sábado, 30 de abril de 2016

68. En primera persona




Como os digo, olvidaros en Bandah. De lo contradictorio, de lo bramado en cabinas telefónicas, de lo que mansamente acude a vuestras cuerdas bucales y se os pierde en el pequeño mundo de una tarde sin hinojos, y granjearos mechas de luz boreal a través de espumosos silencios pintados a mano. Volved al problema con la mañana partida cual sandía verde, no lamentareis la ceniza carnicera que los más apuestos trenes de mercancías dejan en el traqueteo climatizado de un pim pam pum reprochado. ¿Para qué las caderas o las escaleras por tramos? Si el ebrio quemado en su propio fuego fatuo interrumpe la disertación en la cola de un cometa de mentira, rendiros a la evidencia ornitológica: de pájaros así ni es vuestros mejores amores verdugos. Es sentirse celoso y las cabezas caen cortadas a rodajas en el extremo opuesto de su ceguera. Si la reina y yo no hubiéramos mantenido las asperezas y los pelos sobre los hombros de chorreas, piscinas de brazos alzados nos hubiesen servido para recabar preguntas a troche y moche pero nunca para gatos y cascabeles.

Pensad, hacedme caso, en vivir los estragos como virutas de terciopelo que se os cuelan en gargantas y os oprimen alveolos, dejando posibles puñaladas para días afortunados en lunas boscosas. Que mi ejemplo os sirva de sinfonía o como círculo de gravilla para los pies, pues ni el peor de los condenados podría alejar su cuello del borde de una cama con un maltrecho lunar de carbón metálico.
Avistareis en mi plática granos escribanos, de los que las manos teclean sobre lienzos al revés. Que la pena os lleve a revelaros. Jamás podría permitir que un súbdito mío, o del secretario de estados deplorables, se quedará hecho una mancha de carne macabra y viscosa en la primera página de mi libro de horas. ¡Jamás! Sólo os contaré una cosa, por última y por terrible: posad el corazón en una mano, secadlo a la sombra granada de un infierno compungido, y de un auricular invisible brotará la voz de su amo.




¡Palabra de rey pócima!




Fotografía APOD: Reportando


2 comentarios:

  1. La palabra jamás es tán injusta, que los corazones secos la aplauden a menudo.

    Por mi rey cambiante.me inundaria de veneno, en la esperanza de la clemencia del antídot, del relato de su escriba.

    Un súbdito.

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    1. Puedes porfiar que así sería, ilustre súbdito. Ni mi rey ni yo misma dejaríamos que ninguna palabra infame acabara con tu cabeza en la picota o, peor aún, con una tacha maculada en tu corazón bohemio.

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