viernes, 15 de mayo de 2015

61. Dicciones




En Bandah los antónimos se fijan al paladar; y, aunque las briznas de gritos copan los buenos aires, nadie aterriza un decir si no es en presencia de su abogado. Gérmenes discordantes se han impuesto a la palabra, atroces en su propia consecución para chorrear insignificantes fraudes condenatorios amén de una insustancial palidez en el hablar. No así, en una suerte de sortilegio, en el caso del frugal secretario de estambres quien, apalmerado tras su fuste de verde portento, vislumbra las exquisiteces del lenguaje sin más atrezzo que su chapín de eternos bostezos. ¡Qué no han farfullado sus incisivos embustes a este otro lado del martirio!

Estandartes de muerte entrañaron en una ocasión disonancias concordantes entre los ejércitos pero en el apaisado desierto de una rendición de juguete se libraron vidas sucesivas en tarros de porcelana importada.
Sobre llamas de hogueras nocturnas danzan los rostros harapientos que una vez fueron hielo y fuego, como feo contrapunto al escarnio territorial entre difuntos empedernidos y bárbaros espantapájaros, que lo suyo es el agua viva y lo de este reino, dulzura a quemarropa.
¡Ah de aquellos que en su deleite prefiguran los más grandes ecos! Pues en el tesón fingido de su verbo, desorbitan razas enanas de sintaxis hasta llegar al hueso, haciendo de su erótico grafismo otras circunvoluciones de vital sensualidad.

Con la peor caída de párpados de la historia este aquel secretario puso fin a los anuarios, ya letrado alguno se atreverá contra nubarrones cortos de espesura.


¡Palabra de rey atronador!




Fotografía APOD: De cumpleaños

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