sábado, 28 de marzo de 2015

59. Caramelo




Acercarse al reverso de Bandah y creer haber perdido la cabeza o, lo que es peor, el juguete de los años, la desenvoltura del loco amanecer. Acercarse y desprenderse de un todo quimérico inoportuno, que engendra campanillas blancas de pura lluvia. Y en la comisura de los pasos, arcaicos senderos estrujan la ponzoña verbigracia que, como goma, sujeta aquellos aleteos camaleónicos que entrevemos por los telares del sueño. Si todos aquellos que ven colmados sus caprichos entre las barbas lampiñas de una ciega herida recobrasen absenta en rama, el resto de iluminados seríamos delatados en cada punto concéntrico disperso boca abajo en las aguas macilentas del ocaso. Así, el grano medio rebosaría verdor y, a cada onda expansiva, recalcaría su delatora cruz.

Pero a menos que se llegue a dicho verso en re, carecen de importancia las precauciones desinteresadas de los astrólogos. Sus teorías devoran beso a beso la vanidad perfumada del remate de los días; y aunque se giren al descubrir la raya y la coma de sus pantalones de ideas, de nada sirve oír los cantos maquillados que claman en todos y cada uno de los cielos que pergeñan sobre la estraza del papel.
Mi deber se queda en servir, para hechizar puntas de aguja se bastan los pintores, y esos deshilachados petimetres de postín que lucen arco iris luz en las estrellas geológicas de mar.



¡Palabra de rey acaramelado!




Fotografía APOD: Saturno del sur

domingo, 1 de marzo de 2015

58. En volandas



En el poso del café derramado se perfila el pasado de Bandah, tan nítido y pentecostés que ni el más experto y hábil de los lanceros sabría zanjar el asunto con tanto estómago vacío. Porque el pasado tiene estas cosas: es asomarse a cada mancha de grano grueso y creer intuir cómo explotaron las estrellas y su trayectoria de bólido. Y aunque riñan las mareas bajo el influjo pernicioso de las alondras en flor o tras el discurso de los reyes magos que año a año se personan por estas latitudes de ensueño, aunque riñan, digo, y las olas se sobrepongan al mar espeso del desorden, el ritmo cardíaco de cada tramo posado sobre la mesa esclarece cómo se formó todo, porqué los hombres erraron el tiro ante el halo soleado del pertinaz pecado y cuál de ellos sacó de ronda a su mala suerte para alzarse con el tesoro de tanto reino descompuesto.

De ahí, de ese poso, la inquietud de esta ciudad. O del reseco perfume de unas piernas desnudas o puede que del trenzado violeta rematado en lo alto de cualquier peluca que se precie.
Silban los antojos y lo que no eran más que colores, sombras y brotes de armonía se han contabilizado en haberes fuera de temporada, por aquello de no cuadrar ni los árboles que se retrotraen a su fila de hojas cabizbajas.
Y mientras el brillo matiza el decorado de espanto que muchos querrían para sus fieles enemigos, el hambre sacude la tierra negra; y, sobre los aleros, los cuervos, atentos al migrar precipitado de la joven, y no por ello menos seductora, esclavitud.


¡Palabra de rey tunante!




Fotografía APOD:  Tierra de lagos