martes, 29 de diciembre de 2015

63. A(r)mando




En aquella ocasión Bandah resurgió al poco, orquestada tras los vientos, como una mariposa radiografiada. Las cifras expansivas del arranque acallaron ulteriores tejemanejes sobre a qué cremalleras acudir o a cuántas holandesas persignar. Con la luz referenciada tras siglos de humeantes catálogos, la coronación fue tal cual un chapín desabrochado. Mas los encendidos anunciantes, entre las hojas arrancadas de los árboles, cursaron milagros en la tierra verde del Olimpo, cuando los fenómenos naturales habían perdido ya todo su intempestivo ascendente.

Aunque a decir de las perchas, que vociferaban salmos pervertidos de un sospechoso tinte amoratado, los peces de ciudad sacudieron demasiado la cabeza. Porque a eso se había llegado, a ver en los golpes del destino una cruzada muda de aspavientos. Y con muy poco para cambiar el mundo que no fuera mi lápiz sin punta, y acorazado como escriba decorativo a base de pasteles y ceras, arrasé habitaciones para deslumbrar almenas en el apagón del astrólogo bobo. Suerte de reyes y de casas de té pues las agitaciones no son pinceladas sinfónicas. ¡Por supuesto que no!
Que un libro leído a tres cuartos y medio no da la pura sangre. Que la supervivencia requiere coraje, y berrinches y, con un poco de sotavento, hombres de leyes entre dos notas.
Los parásitos, en su cena de faisán, retuercen silencios mientras una melodía para viola de clavos se extravía en sueños fugitivos, tras bostezos y despertares de medusas.
Las espadas permanecen calladas si hablan los desafortunados. Esperemos que las luces del cielo, en esta muerte sin espejo, lo congelen todo como en un pasado de mármol.


¡Palabra de rey cautivado!




Fotografía APOD: De ocasos

sábado, 6 de junio de 2015

62. Estacionario




El sol naciente sopla en Bandah con la caída en despertares de no pocos insectos. Por entre los rebordes afilados de una primavera ensortijada, desfilan haces de luz dorando en plata miles de estragos oculares. Los jardines rebosan entonces de raíces cuadradas y de sondas mayestáticas que ciertos animales antiguos depositaron allí antes de evaporarse el mundo ante sus narices.

Y de ellas va esta mariposa, pues las damas pisotean enardecidamente las corolas con sus fosas nasales, polinizando a su vez los más ruines corazones de tiza, y yerguen de sus pantanos interiores seres larvarios con los que flirtean en sueños de adolescencia. Luego vendrán de corrido a marearme a mí, pertrechadas de salvajes anagramas como queriendo aprehender rayos gamma de un disco solar extinto hace ya, en cinemascope y sonido envolvente. Cuando lleguen a descubrir que su amado escribiente destruirá los hechos futuros de apócrifos argonautas en pos de una criatura universal que contente no sólo a reyes de baraja sino también a estuarios de tiempos mecánicos, cuando llegue el día de autos, las anacrónicas bellezas de postín destriparán a sus galanes pavos para saciar, ante la llegada de nuevos héroes, las ansias lujuriosas por convertirse en flores venenosas de sin par voluptuosidad. Que marchitarse no entra en sus planes, como tampoco decapitarse bajo cascos reptiles de cuadrúpedos voladores. Para ello se parieron arbustos filamentosos de resina estrellada, para eso el carbón desmenuza en contadas perlas lo monstruoso que resulta labrar la tierra muerta del orbe palaciego.

¡Palabra de rey agrimensor!




Fotografía APOD: Cabeza de caballo

viernes, 15 de mayo de 2015

61. Dicciones




En Bandah los antónimos se fijan al paladar; y, aunque las briznas de gritos copan los buenos aires, nadie aterriza un decir si no es en presencia de su abogado. Gérmenes discordantes se han impuesto a la palabra, atroces en su propia consecución para chorrear insignificantes fraudes condenatorios amén de una insustancial palidez en el hablar. No así, en una suerte de sortilegio, en el caso del frugal secretario de estambres quien, apalmerado tras su fuste de verde portento, vislumbra las exquisiteces del lenguaje sin más atrezzo que su chapín de eternos bostezos. ¡Qué no han farfullado sus incisivos embustes a este otro lado del martirio!

Estandartes de muerte entrañaron en una ocasión disonancias concordantes entre los ejércitos pero en el apaisado desierto de una rendición de juguete se libraron vidas sucesivas en tarros de porcelana importada.
Sobre llamas de hogueras nocturnas danzan los rostros harapientos que una vez fueron hielo y fuego, como feo contrapunto al escarnio territorial entre difuntos empedernidos y bárbaros espantapájaros, que lo suyo es el agua viva y lo de este reino, dulzura a quemarropa.
¡Ah de aquellos que en su deleite prefiguran los más grandes ecos! Pues en el tesón fingido de su verbo, desorbitan razas enanas de sintaxis hasta llegar al hueso, haciendo de su erótico grafismo otras circunvoluciones de vital sensualidad.

Con la peor caída de párpados de la historia este aquel secretario puso fin a los anuarios, ya letrado alguno se atreverá contra nubarrones cortos de espesura.


¡Palabra de rey atronador!




Fotografía APOD: De cumpleaños

viernes, 24 de abril de 2015

60. Cosquillas, centro




Aquellos labios llegaron a Bandah, y lo hicieron sujetos al rostro rasgado de una mujer que, sin esas dos porciones perturbadoras de la fuerza, sería la pena o la gloria, sin más, de cualquier semidios. Mas la ondulante sequedad de sus finas líneas quiso atormentar lo escueto de mi pobre cerebro. Y sabe el secretario de mis regias limitaciones, como nadie desconoce lo torpe de su parecido. Pues bien, llegados al punto sonrosado y carnal de esa boca, cometas enteros me descifraban lo elocuente de sus veredictos. Y tras las pausas café, un bólido de pitillo alumbraba el vértice de cada uno de mis pensamientos. Densitometría del querer furtivo.

Con los anteojos resoplaban mis órbitas fuera ya de todo valor catastral, pereciendo al verme reflejado de palabra en el canal atmosférico de una risa y su correspondiente lágrima. Que la dama teje ambas posibilidades a la vez, virtuosa y espléndida que es ella. ¡Digo! Y como mi simpatía atronadora, raspada a base de varitas mágicas, hacía las veces de locuaz declaración de intenciones, sus desafiantes acompañantes sobrevolaban a la rapiña mi corona de espinas, defecando insultos bajo mis pies, a lo que yo, peonza descarada, respondía siempre con versos rubios y pelirrojos de alto rango. Mi bella entonces bostezaba, y dos acalorados rosetones teñían colores crepusculares en mi pecho, ruborizando las entretelas de mi traje de alquiler.

En estas que un corcel navío atracó tras los mares de su península extranjera y marchó al tiempo de quedarse para mis artificiales despedidas. Suerte de los que nos expiaron tras los lienzos alicatados del adulador embarcadero.



¡Palabra de rey galante!




Fotografía APOD: Senderos en el cielo


sábado, 28 de marzo de 2015

59. Caramelo




Acercarse al reverso de Bandah y creer haber perdido la cabeza o, lo que es peor, el juguete de los años, la desenvoltura del loco amanecer. Acercarse y desprenderse de un todo quimérico inoportuno, que engendra campanillas blancas de pura lluvia. Y en la comisura de los pasos, arcaicos senderos estrujan la ponzoña verbigracia que, como goma, sujeta aquellos aleteos camaleónicos que entrevemos por los telares del sueño. Si todos aquellos que ven colmados sus caprichos entre las barbas lampiñas de una ciega herida recobrasen absenta en rama, el resto de iluminados seríamos delatados en cada punto concéntrico disperso boca abajo en las aguas macilentas del ocaso. Así, el grano medio rebosaría verdor y, a cada onda expansiva, recalcaría su delatora cruz.

Pero a menos que se llegue a dicho verso en re, carecen de importancia las precauciones desinteresadas de los astrólogos. Sus teorías devoran beso a beso la vanidad perfumada del remate de los días; y aunque se giren al descubrir la raya y la coma de sus pantalones de ideas, de nada sirve oír los cantos maquillados que claman en todos y cada uno de los cielos que pergeñan sobre la estraza del papel.
Mi deber se queda en servir, para hechizar puntas de aguja se bastan los pintores, y esos deshilachados petimetres de postín que lucen arco iris luz en las estrellas geológicas de mar.



¡Palabra de rey acaramelado!




Fotografía APOD: Saturno del sur

domingo, 1 de marzo de 2015

58. En volandas



En el poso del café derramado se perfila el pasado de Bandah, tan nítido y pentecostés que ni el más experto y hábil de los lanceros sabría zanjar el asunto con tanto estómago vacío. Porque el pasado tiene estas cosas: es asomarse a cada mancha de grano grueso y creer intuir cómo explotaron las estrellas y su trayectoria de bólido. Y aunque riñan las mareas bajo el influjo pernicioso de las alondras en flor o tras el discurso de los reyes magos que año a año se personan por estas latitudes de ensueño, aunque riñan, digo, y las olas se sobrepongan al mar espeso del desorden, el ritmo cardíaco de cada tramo posado sobre la mesa esclarece cómo se formó todo, porqué los hombres erraron el tiro ante el halo soleado del pertinaz pecado y cuál de ellos sacó de ronda a su mala suerte para alzarse con el tesoro de tanto reino descompuesto.

De ahí, de ese poso, la inquietud de esta ciudad. O del reseco perfume de unas piernas desnudas o puede que del trenzado violeta rematado en lo alto de cualquier peluca que se precie.
Silban los antojos y lo que no eran más que colores, sombras y brotes de armonía se han contabilizado en haberes fuera de temporada, por aquello de no cuadrar ni los árboles que se retrotraen a su fila de hojas cabizbajas.
Y mientras el brillo matiza el decorado de espanto que muchos querrían para sus fieles enemigos, el hambre sacude la tierra negra; y, sobre los aleros, los cuervos, atentos al migrar precipitado de la joven, y no por ello menos seductora, esclavitud.


¡Palabra de rey tunante!




Fotografía APOD:  Tierra de lagos


domingo, 1 de febrero de 2015

57. Luces de corte



Bandah y el traje nuevo del emperador. Como si el señor de las corrientes polares, trasnochado en el cambio de hora, cayera en un cielo estropeado y, a todas luces, paralítico; y toda su voluntad quedara dispuesta para la estación de las nieves sin que los firmes candidatos a la ciudadanía en este cuarto de esfera pudieran sospechar el error cuántico, entre viento y fuego.
Así las cosas, cortadas y engarzadas las nuevas mangas, escépticos prefijos de sutura relucían sobre la tela. Y en volandas parecían aventurarse otros pespuntes con más suerte, o por lo menos el maniquí en hélice y zigzag se apresuró a exponerlo ante las cotorras congregadas en el salón de costuras. ¡Menudo lujo de músicas danzatorias! Agujas y alfileres sesgando el aire y miles de hilos sueltos acordonando a su modo y manera la línea disuelta del vestido. Hundidos los botones, ciertas manos acomplejaron el dobladillo acantilado en su pendiente, mientras el secretario anotaba puntadas y desbordes para su presupuesto de obra y gracia.

Sólo el espejo permanecía al margen de tan alborotado juego, echando naipes a ciegas y cortejando sombras en los retazos de luz y brillo dispersos por el piso, pues de todo se aprende y aquí los maestros vidrieros sabrían terciar ante la madera de tan dispersos reflejos.
¡Qué bellos plantes, al final! ¿Cómo permanecer sin más ante semejante milagro de charol? Ahora sí, ahora sí, opinan todos. Ahora la nostalgia regia tiene con qué salir a la calle a departir enmiendas. Ahora tiene patente la tristeza de sus ojos cerrados.


¡Palabra de rey uniformado!




Fotografía APOD:  Gas de arena