miércoles, 12 de febrero de 2014

54. A latigazos






Ejecutadas sobre las arenas de Bandah yacen las decadentes secuencias de la aurora. Cimbreantes tajos iluminan los encuadres, los martillos blandiendo su estampa y algún que otro perdido diorama. Tras el haz de color, la piel servil que cubre los cuerpos muertos en combate de amor, revive y fulgura con un repiqueteo desconcentrado.
Mi forastera aversión a mirar a los ojos de la gente sin escurrir mucho antes palabras por doquier, como luciérnagas en su tinta, hace sollozar la contienda que llevo por dentro entre lo que es y lo que no se dice de veras. Mi color pareciome siempre el rojo mas no el verde esmeralda de tus ojos cenicientos; y, por ello, rompí la primera carta del abecedario que pendía de una criptomeria en flor. Con los pies colgando del derecho en un hilo secuencial a través del cielo moderadamente geomagnético.

Ni que decir tiene que las luces se libraron en torno a los poemas resabidos que salieron de los besos echados a pastar entre los cabellos funestos y mi cuello prometido, a la misma hora en que se tejieron elípticas ondas provenientes del norte más depurado.
Cómo abandonar semejantes andurriales sin perder el gato naranja arremolinado en el iris salvaje de aquellas magníficas cuencas. O para qué detener el azote de una belleza de cobre restallando verbos transitivos de lado a lado en la imaginación. Las voces nos condenan ya, no permiten que el momento de admiración enturbie la fuerza centrífuga puesta a escurrir sobre los márgenes secretos de una costura impoluta.
Debemos partir antes incluso de consumar nuestro delito presuntuoso.

¡Palabra de rey sol!




Fotografía APOD: Aurora secuenciada