miércoles, 29 de enero de 2014

53. Teoría y conjuntos






Matemáticos diagramas supuran por Bandah aquel añejo elixir de los residuos feroces. Fórmulas terqueando con sus cifras, escualos que incrementan exponencialmente cada maldita sacudida de la tierra aplanada y finita. Si el mundo no es real, si la interferencia de los órdenes descuida sus nueve reinos, ni un emperador o un día de mal augurio podrían desposeer de resultados visibles las prescripciones de un secretario tan avispado y ceremonial como el que de frío sin respaldo viste semejante espectáculo. Jamás monarca alguno miró de soslayo tamaña locura y pensó cerrar su barraca; pero nuestro rey cuenta los listones, teclea cifras sobre piel de melocotones y conjetura tres dimensiones de oscuro talle. Desearía no decapitar tan alta e imaginativa familia funcionarial. Le agradaría basar sus reminiscencias en resultados particulares y no sólo en la veta metálica de la madera frigia. Cuenta con aperos, compañías femeninas y salas repletas de animales que salvajean por doquier; y, sin embargo, los árboles dejaron de brillar y los espejos languidecieron sus dualidades sempiternas. Funciones interactivas nacen pues de las plumas con las que surca el azul de las conchas sus hábiles dedos regios. Ni siquiera yo, su escriba más mecánicamente dotado, volaría a través de la lluvia como el pez que mortifica celosías y cuadrantes, o hace caminar sobre lodo a serpientes sin remedio. En la oficina del tiempo, a borbotones sobre el lago ajado que sostiene toda esta quimera de reino, el rango estelar supera el tañer espeso de unas pisadas cósmicas por el corredor sembrado de claveles en la hora de romper la región de las barajas marcadas.

¡Palabra de rey fractal!




Fotografía APOD: Fantasía cuántica 


viernes, 3 de enero de 2014

52. (senti)Miento




Protuberancias epidérmicas, festones labrados y ácidas gotas de terca y mordaz consistencia, así son las ensoñecidas moratorias, tan lejos de Bandah que su temperamental amanecer surca obscenamente las frases pronunciadas al pairo de las sombras que más cobijan. Y si, por supuesto, los aires fingidos que rebosan azoteas e hinchan pulmones demolieran la luz avivaba por la sal de no pocas lágrimas, de poco servirían ya los vertiginosos suicidios de aquellos amantes torneados por las microondas de Júpiter o de cualquier otro estafador ambulante. La admiración con que los pájaros se cuelgan tras las nubes negras no pasa factura ante los desvelos de los oportunistas. Ni el resto de fraguas se lava en el don secante de un mal paso.

Quizá por tales dolencias la vida se acorta por el principio haciendo de un tipo casi viejo la ensenada estéril, aunque no por ello menos valerosa, del niño que finge corretear tras los rayos de mercurio. Si llegara a manos del picapedrero semejante estropicio, su arenisca ardería de yemas resabias, cegando la vista tras el torrente salino de fenecidas cascadas, cuando se añadieran las monedas invisibles que versaron por él las lumbares hazañas de sirenas sin canto en las venas.

Suena imponente la flauta del reloj de cuerda, los pasillos del teatro oscurecen de plástico oriental mis centelleantes largavistas, y el fuego se pone de cara entre la vulva entusiasta de unos labios.

¡Palabra de rey inextirpable!




Fotografía APOD: Tres manchas rojas