jueves, 3 de abril de 2014

56. Teatro nebulosa




Para un tirador experto, Bandah representa la periferia. Aquel margen por el que discurren cientos de hormigas, ajenas a su propia influencia o imprudencia; o la linde de un coto puesto ahí tras muchas deliberaciones, para uso y disfrute de vividores ocasionales.
En ese entonces, la ciudad se despliega cual abanico, siendo empuñado en laca de importación. Los juegos de luces y sombras, como cortinas de brillantes, inventan pasajes de ensueño en aquellas mentes rebeldes poco hechas al conservador sentido de la realidad. Los intentos de fuga, sin embargo, son los mínimos. La fantasía puede sobre unos pocos y sólo ellos, rechinando sus cabelleras al viento, viven en pos de la fórmula matemática que les hará gozar plenipotencialmente de mares y montañas, de hechos y cosas.

Para ese momento, carecen de toda lógica los borradores trasnochados; bajo los efectos del peor  desenlace, se empeñan en seguir acariciando el resultado final sin el asomo generoso de sus coronillas peladas de tanto pensamiento infructuoso para con la causa de sus quehaceres licenciosos.
La banalidad que sacude en las tardes de verano por encima de techumbres sin hora fija acaba precipitándose al vacío angular de unos ojos rasgados por la línea del horizonte, más allá de Orión.
Que el príncipe, cuando lo era, tragicomediaba sainetes en libre prosa,… es puro y aproximadamente conocido. Mas perdió suspirando su más ciertos encantos. Jamás literatura alguna pudo elevar tanto sus listones de entereza como en la clausura de un puesto de pacotilla, residente de las siluetas aladas que se concentran tras los granos de arroz que nuestro interesante avalador siembra por doquier.

¡Palabra de rey librepensador!




Fotografía APOD:  Araña roja

lunes, 3 de marzo de 2014

55. En la madeja




En aquella especie de luna, la vieja Bandah emigra tras heladas raíces hacia un porvenir de invierno, consumiendo oxígeno a cada bocanada de miedo. El prestidigitador que aletea manos y sombras sobre su esfera no quiso pronunciar su papel pues el mago del rey despachaba más acorde a su instinto, dejándose incendiar las pestañas con polvo dorado en los hirsutos brazos de una concubina organdí.
De todas formas, se dibujaron rotondas, canales y estrechas pendientes, como también amores, descuidos y fortunas en un encanto de genialidad. Los presentes vislumbraron así el renacer de sus fiestas y cada animal sin invitación confió la suerte de poder existir al comportamiento amoral de un iluminado.
Regueros neuronales se inflamaron de sangre corrompida y el mapa de sus deseos sensoriales cobró el sentido perentorio que una sombría falta de elegancia había atardecido junto a sus marchitos cuerpos.
Con las nubes del incendio sobre el horizonte curvado, leyeron en la calva gaseosa el rostro suplicante que les observaba, amenazando con devolver a las campanas la música serena y demoledora que los presagios extinguidos siempre tuvieron.
Atracados en el puerto giratorio que emana de las caderas crueles de toda amante, endulzaron sus lenguas en el flujo de la ciudad, amarados en sudor, dispuestos a soñar con el verano acuciante que regresaría tras tamaña ordalía de fuego y hielo. Y pergeñaron ínfimas cartografías del desastre a tenor del incipiente relajo de sus idas y venidas, como por las ofensas requeridas antes del ritmo vertiginoso que el oráculo sirvió después de corromper sus ojos de nuez.

¡Palabra de rey noche!




Fotografía APOD: Luna Europa  


miércoles, 12 de febrero de 2014

54. A latigazos






Ejecutadas sobre las arenas de Bandah yacen las decadentes secuencias de la aurora. Cimbreantes tajos iluminan los encuadres, los martillos blandiendo su estampa y algún que otro perdido diorama. Tras el haz de color, la piel servil que cubre los cuerpos muertos en combate de amor, revive y fulgura con un repiqueteo desconcentrado.
Mi forastera aversión a mirar a los ojos de la gente sin escurrir mucho antes palabras por doquier, como luciérnagas en su tinta, hace sollozar la contienda que llevo por dentro entre lo que es y lo que no se dice de veras. Mi color pareciome siempre el rojo mas no el verde esmeralda de tus ojos cenicientos; y, por ello, rompí la primera carta del abecedario que pendía de una criptomeria en flor. Con los pies colgando del derecho en un hilo secuencial a través del cielo moderadamente geomagnético.

Ni que decir tiene que las luces se libraron en torno a los poemas resabidos que salieron de los besos echados a pastar entre los cabellos funestos y mi cuello prometido, a la misma hora en que se tejieron elípticas ondas provenientes del norte más depurado.
Cómo abandonar semejantes andurriales sin perder el gato naranja arremolinado en el iris salvaje de aquellas magníficas cuencas. O para qué detener el azote de una belleza de cobre restallando verbos transitivos de lado a lado en la imaginación. Las voces nos condenan ya, no permiten que el momento de admiración enturbie la fuerza centrífuga puesta a escurrir sobre los márgenes secretos de una costura impoluta.
Debemos partir antes incluso de consumar nuestro delito presuntuoso.

¡Palabra de rey sol!




Fotografía APOD: Aurora secuenciada



miércoles, 29 de enero de 2014

53. Teoría y conjuntos






Matemáticos diagramas supuran por Bandah aquel añejo elixir de los residuos feroces. Fórmulas terqueando con sus cifras, escualos que incrementan exponencialmente cada maldita sacudida de la tierra aplanada y finita. Si el mundo no es real, si la interferencia de los órdenes descuida sus nueve reinos, ni un emperador o un día de mal augurio podrían desposeer de resultados visibles las prescripciones de un secretario tan avispado y ceremonial como el que de frío sin respaldo viste semejante espectáculo. Jamás monarca alguno miró de soslayo tamaña locura y pensó cerrar su barraca; pero nuestro rey cuenta los listones, teclea cifras sobre piel de melocotones y conjetura tres dimensiones de oscuro talle. Desearía no decapitar tan alta e imaginativa familia funcionarial. Le agradaría basar sus reminiscencias en resultados particulares y no sólo en la veta metálica de la madera frigia. Cuenta con aperos, compañías femeninas y salas repletas de animales que salvajean por doquier; y, sin embargo, los árboles dejaron de brillar y los espejos languidecieron sus dualidades sempiternas. Funciones interactivas nacen pues de las plumas con las que surca el azul de las conchas sus hábiles dedos regios. Ni siquiera yo, su escriba más mecánicamente dotado, volaría a través de la lluvia como el pez que mortifica celosías y cuadrantes, o hace caminar sobre lodo a serpientes sin remedio. En la oficina del tiempo, a borbotones sobre el lago ajado que sostiene toda esta quimera de reino, el rango estelar supera el tañer espeso de unas pisadas cósmicas por el corredor sembrado de claveles en la hora de romper la región de las barajas marcadas.

¡Palabra de rey fractal!




Fotografía APOD: Fantasía cuántica 


viernes, 3 de enero de 2014

52. (senti)Miento




Protuberancias epidérmicas, festones labrados y ácidas gotas de terca y mordaz consistencia, así son las ensoñecidas moratorias, tan lejos de Bandah que su temperamental amanecer surca obscenamente las frases pronunciadas al pairo de las sombras que más cobijan. Y si, por supuesto, los aires fingidos que rebosan azoteas e hinchan pulmones demolieran la luz avivaba por la sal de no pocas lágrimas, de poco servirían ya los vertiginosos suicidios de aquellos amantes torneados por las microondas de Júpiter o de cualquier otro estafador ambulante. La admiración con que los pájaros se cuelgan tras las nubes negras no pasa factura ante los desvelos de los oportunistas. Ni el resto de fraguas se lava en el don secante de un mal paso.

Quizá por tales dolencias la vida se acorta por el principio haciendo de un tipo casi viejo la ensenada estéril, aunque no por ello menos valerosa, del niño que finge corretear tras los rayos de mercurio. Si llegara a manos del picapedrero semejante estropicio, su arenisca ardería de yemas resabias, cegando la vista tras el torrente salino de fenecidas cascadas, cuando se añadieran las monedas invisibles que versaron por él las lumbares hazañas de sirenas sin canto en las venas.

Suena imponente la flauta del reloj de cuerda, los pasillos del teatro oscurecen de plástico oriental mis centelleantes largavistas, y el fuego se pone de cara entre la vulva entusiasta de unos labios.

¡Palabra de rey inextirpable!




Fotografía APOD: Tres manchas rojas