miércoles, 23 de octubre de 2013

50. Bocados nocturnos




El perpetuo retroceso ha hecho que Bandah modifique exponencialmente su panorama. Las vistas son el más osado de los picadillos y, a ojos de no pocas gaviotas, los despojos salinos, remolcados a lomos del oleaje putrefacto, dan, al cabo de todo río, espoleta desde donde otear la línea siempre amartillada de sinrazón.
Marineros con aletas descifraron la pureza y torsos plateados redujeron a escamas todas aquellas ilusiones izadas al nordeste del soleado casco, a cuyo palo batían duelos airados y revueltos. De un timón armado sobre brasas, percutían los brazos de nuestro rey a expensas del rizado mar del tiempo, y desafiando a cuarto y medio el furor de unas velas rotas tras el derribo virtuoso de unas féminas defensas.
La arena recala a los pies de las estatuas y la resaca, a cortos y afilados lengüetazos, mata despóticamente a los apostados sin santo, que la seña viró al perderse la popa constelada del primer argonauta.
Que sin luna se ocultan los chiflados, en bien sabido, mas no por ello es menos cierto que de corales gigantes están hechas las joyas que su majestad cavila entre trago y trago de cielo.

¡Palabra de rey turbio!






Fotografía APOD: Yosemite

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