martes, 27 de agosto de 2013

49. Color de obra




Los poetas de Bandah florecen en la punta tardía, libres de su capa de estera, con guantes lucidos de rimas banales. Si le dieran a mi ciudad toda la música escrita en un verso, sobrarían libros y anteojos. Pasaría entonces mi veta tras los cielos rasos a la espera de asestar lucientes festones, o arpegios fundados de estrellas para consentir toda la brisa que acumulan tus cinceladas pestañas. Mueves las hojas de cada árbol, desde lo más profundo de mi ensenada, y saltan colores a la paleta concertada de este abismo. Sobre los tejados, ante grietas gatunas o tunantes petirrojos. Con clase, aunque sin nota.
No sabes que los edictos me los invento, sorbiendo en cada rayo de escritura cada mota de sentido que el común de los mortales tiene a bien condecorarme. Y aunque los violines tiñen de cuerdas gastadas los trinos acurrucados de varios cantos sueltos, todo sabe mil veces a rayos cuanto más silban nuestros caballos de mar brava, bajo el amarillo son de las olas.
Mas corriendo hacia la espesura adivino tus ventanas, los malos humos que figuran en el panel de control. Y aunque no soporto los cambios de escenario ni los caminos pertrechos, sueño con tus pies y las pinceladas en racimo que sirven al fondo, no sólo al borde de tu torre sino también en el giro de aquel candelabro que guiña secretos bajo mano.
Suaves drapeados esculpen tu figura en el yeso, y a cada columna le sucede un estilete de espejo.
No siempre ibas a ser tú, mi esfinge de arena, la redactora de estas horas desconchadas de azur. De otra forma no adornarías mis cartas de efímeros triunfos, con prosas y caballetes, sin antes descolgar mis infames dedos del tenor acometido.

¡Palabra de rey picapleitos!






Fotografía: Tormenta de agosto, con nubes al fondo


6 comentarios:

  1. Lo que no se ve, nos confunde en la búsqueda que lo hermoso oculta, sin saber lo que somos, sumergimos la vida detrás de unas perlas, esperando que el engarce de la aguja nos sea propicio.
    De nuestra arena, a veces, se nos rebela el polvo de estrellas, nos tira de la manga de los recuerdos y volvemos, por un momento, a creer, en la magia de los aromas, de los susurros de aquellas imágenes, de los tactos casi olvidados.
    Tatuajes recorridos en preguntas sin respuesta son las caricias de los mapas de piel que de vez en cuando en aquel arroyo detenido por el libro que encarcela miradas, nos dedicamos.
    Obra siempre incompleta de luz, esperando la tierra de su nueva siembra, dejame ver lo que no se ve, siempre.

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    1. En esta playa desierta encontrarás las figuras para tu decorado, recuerda que de arena se disfrazará el tiempo y de luna, la bella piel del lienzo.

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  2. Ya se acerca la nueva estación. El verano está moribundo… aquí aun resiste, estoy en la línea donde somos último bastión. Te digo esto porque quiero ver el otoño en Bandah. Aunque, iluso de mí, voy gritando al viento (ese pregonero bocazas) jactándome de haber visto ya sus luces de esmeralda.

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    1. De música parece pertrecha tu pluma, al rey le gustará oirte tocar, pasada esa calma que precede al agua del cielo.

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  3. Redecorar los sentidos trae consigo la reinvención, la posibilidad de volver a empezar, de volver a localizar esos puntos donde retomar el beneplácito de nuestro corazón con la razón...

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    1. Si no fuera como dices, Josh, moriríamos aburridos y aburriendo.

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