sábado, 2 de junio de 2012

37. (dispara)Te


Ceniza electrificada para Bandah en su apogeo. Cañonazos en el desfile caluroso de una estación.
Alguien habló años antes de un cabaret ambulante en el que las cebras rayaban la saciedad y los chaqués enturbiaban los sentidos a sus damas.
Música, sorda y muda, pero música al fin, lo que acudía a las orejas de aquellos perdularios, entre plumas de ganso castrado y vapores de licor de centeno.
Y en el amargo lujo de una corista, el rey que soy yo trago dulce de mar mientras suena el violín renqueante del espectáculo.
Bellas odaliscas pintan entonces el cielo con sus pavorosos bucles postizos y el atrezzo rompe la simetría apocalíptica de los presentes, haciendo de las monedas entregadas al aire oro líquido amarado de luz.
Cuando en el interludio la trampa de cocodrilos se reabra, y mi secretario favorito presente sus condolencias al gobernador al quite de su soga, mieles y manzanas verdes merendaremos cada uno a lo suyo. Que una tormenta cualquiera no desbarajuste los planes circenses antaño firmados.

Ah, y llegará de nuevo el principio del fin.
Flautas atravesadas en los parterres silbarán tras la hierba azucarada y yo ejecutaré mis parabienes por doquier resoplando más que la yegua de mi dulce concubina allá por el cerro del infierno.
¡Cómo me divierten sus devaneos con las tijeras! ¿Y qué opinar de su disfraz de codorniz afrutada?
Aplaudir, y sólo temer a los rayos torcidos que pudieran quemar la savia de sus pestañas.

¡Palabra de rey emboscado!







Fotografía APOD: Erupcionando