sábado, 24 de marzo de 2012

35. En verde


A Bandah se llega desde lo más alto, encumbrando en el salto los pormenores que dan sentido a un soneto mal rimado.
Pese a ello no es baladí el fulgor de unos ojos cerrados en el carnaval de luces transparentes que friegan la bahía cada minuto de sal, sin reparar en el gasto que unos pasos provocan en este maquillado corazón.
Ambarino verdemar para los secretos transcritos en el margen derecho de su góndola preciada, acatando la cercanía de los planetas si el lago no se arroja una piedra a sí mismo y se emborrona caprichosamente con el fango de mañana.

La primavera terciaría melosa su peón en el tablero marfileño que marea nuestro rey, a sabiendas que su jaque degollaría una sublime esperanza para todo aquel que recreara la visión del edén.
Pero de verde palparía su mejor traje, travesura tras la cancela lustrosa de los siglos.
Y en el castillo de nubes irisadas, apretujadas en un lazo corredizo, las risas ensobradas de mil lacayos ofrecerían la paz estimulante de su deserción.
Huele a madera en los bosques de cuento y a sangre derramada en cada una de las lacas que salpimientan los deditos acorazados de la justicia. Pero las ensoñaciones magas no acarrean los puentes y la aurora, desquiciada por su corona, debe conformarse con ser agasajada desde esta otra orilla, mucho más pudiente que la muerte.

¡Palabra de rey torreón!







Fotografía APOD: Noche estrellada