viernes, 30 de diciembre de 2011

33. Dual


Cuando el sol alza su vuelo bajo las cúpulas humeantes de Bandah, charcos de un sinfín de matices destilan el barro de la creación. Aromas silvestres, de claro azufre, persiguen los haces de luz y cincelan rayotes condensados sobre la gasa celestial del tiempo.
Serían entonces las nupcias alborotadas y cenizas, en el reflejo añil del platillo para la propina.
¿Quién no disculpa a los amantes de lo ajeno?

Centenares de cabezas sueltas, desparejadas todas ellas de su finalidad última, han coronado balaustradas de puentes siguiendo arcaicos preceptos cómicos. Condenas ejecutadas ahora sí, ahora no, alegre despropósito de un hipotético juramento.
En la dualidad horizontal resplandecen moradas estructuras haciendo de una simple silueta el reclamo antagónico de la verdad puesta en minúsculas.
Lejos queda así la arrogancia regia, el espíritu bufo del cortesano, para que siervos ínfimos como nosotros abotonemos la justa alegría de un trance en corchetes de vivos colores.
Que la sospecha de tamaño crimen chirríe tras las aljabas del patio interior, aquel por dónde la reina y su espía moro peinaban sabrosas ventiscas, al pairo del inútil secretario. Con ello pagaron sus deudas duques y marqueses mucho antes del declive del mundo.

¡Palabra de rey iletrado!







Fotografía APOD: Dos hemisferios