sábado, 15 de octubre de 2011

30. Primo piano



Rodear Bandah por el interior de su perímetro y figurarte la oscuridad como una laguna infecta de desangelados presagios.
Tras la cortina, los terciopelos vigilan el prodigio como no haciéndose cargo de lo común de su brillo. Los halos son entonces círculos diamantinos, alianzas por un amor que se dio un día y nunca se lamentó lo suficiente.
Eclipses que vuelven una y otra vez, repetidos en su ciclo vital, aunque los sabios no se permitan errar ni los animales sucumbir a su influjo demoledor.
De soles, de lunas; de mares, de océanos…
Superposiciones equidistantes en un cielo estrellado de conjuros, donde todos enviamos, raudo y veloz, el montante de nuestras esperanzas –sean o no confesables- para no parecer, en la noche de los tiempos, más ingenuos de lo esperado.

A nuestro rey place cogerse del brazo más apuesto de la corte y salir a pasear por los jardines inundados, no sea que un fugaz bólido no lo vislumbre preparado y a la orden, alineado en el teatro efímero de su carta astral.
¡Palabra de rey ufano!





Fotografía: Untitled (Solar eclipse), de Robert Longo

3 comentarios:

  1. si en los próximos lustros, don Cordura, no tiene usted nada que hacer, ponga su brazo en jarra, a lo mejor se le cuelga nuestro rey y salen a pasear...

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  2. Los monarcas siempre con sus excentricidades....


    besos

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  3. Que maravillosa aventura, pasear del brazo de un monarca de ojos que no esconden lagunas ni secretos.
    Le he oído recitar sonidos de terciopelo, que guían en la oscuridad cegadora de halos de conjuros astrales.
    El ébano de sus pupilas siempre esconde esperanza, que gran paseo para mi brazo, si los lustros de cordura me lo permiten.
    Mi otro brazo, estará siglos en jarras si es necesario, esperando a su escriba.

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