sábado, 18 de junio de 2011

26. Circunferencias


Se quedó con el nombre al parlotear sobre Bandah y, en lo sucesivo, que fue largo y redondo, no hubo quién le discutiera su sino.
El hacedor de caminos, el circunferenciante del mundo interior, nos visitó en el invierno del reino, cuando este escriba aún no conspiraba renglones y las damas de palacio seguían fieles a la moda del jubón.
Y aunque sólo reclamó cierta cortesía palaciega para su mula torda, encandilaba a los presentes al hablar de nosotros mismos. Que si la fragancia de la lluvia, templada al unísono, podía sanar a otras ciudades mucho más aparatosas; o bien que de los insignes arbustos aplanados se podían cantar miles de elocuentes responsos.
Todo por un pedazo de cielo y el soplo del cóndor mochuelo.

El rey, alistado el último en cada proceso, guió como el que más al ejecutador de sendas, vestido de cazador de mariposas y habilidosamente pertrechado de espuelas y caña de pescar… ¡que los andares pueden flojear y ser caprichosos en exceso!
Nunca una pareja de sabuesos tan rentable pisó a este lado del río, ni tampoco sus trabajos dispusieron de tanta gramática olfativa como la suya. Que el monarca fue feliz lo atestigua el rasgueo de toda esta tinta sobre las elevaciones toponímicas del lugar; y que el circunferenciante logró apaciguar su latente verborrea lo explica en cada sesión de control el secretario de turno.
Paz para los que miran más allá de las piedras del camino.
¡Palabra de rey ecuánime!







Fotografía APOD: Sounio

sábado, 4 de junio de 2011

25. Imán*



Hay en la misteriosa geometría
de las constelaciones
un imán tan potente de mis ojos
(girasoles obscuros de las noches),
que tal vez cuando muera, mis dos ávidas
pupilas se transformen
en dos destellos ágiles
que vayan a fundirse con los vórtices
ígneos de Aldebarán, Sirio, Capella,
Rigel, Arturo y sus septentriones,
o con la dulce Vega de la Lira,
en pos de cuyo azul, remoto acorde,
marcha el sol con su coro de planetas
describiendo espirales por los orbes…


Sí, mis ojos irán a las estrellas,
siendo en su luz dos mínimos fulgores,
dos gotas en su mar de oro convulso,
dos chispas en su hoguera multiforme,
dos puntos más en esa geometría
misteriosa de las constelaciones…







Fotografía APOD: Cuatro soles

* Imán, de Amado Nervo (en su libro Perlas negras y otros poemas – Barcelona: Debolsillo, 2002)