martes, 19 de abril de 2011

23. Arder


¿No hubo pasión?

Para un morador de Bandah es inoportuno preguntar, como también lo es presuponer.
En la noche estrellada, con todas las luciérnagas entregadas a la tonada celestial, la duda razonable destila resina violácea.
No seamos fatuos; en los hogares despiertos hasta altas horas, el amor se despereza poblando a reacios protagonista de cierta esperanza geométrica.
Si el rotar hidráulico de varios anillos suspendidos de su índice aparcara la fiel censura de un deseo, qué no afectaría la pálida candidez del guiño entregado al aire en los pasillos tortuosos de una torre.

Perecer en torno a la salomónica negativa de un beso, estrellar los ojos en el paraíso acuoso de un mar enfurecido por el rechazo más ancestral de la historia.

Que dos amantes sean enamorados en su desdicha platónica, refuerza el criterio médico del suicidio cuántico de sus cuerpos sobre arenas de mentira.
Oficialmente la reina lo es por gracia divina, mientras que el lacayo calentador pugna su puesto con la temporalidad de un contrato papelero.
Suerte tengo, siendo escriba, de no aspirar amor alguno tras las puertas esquivas de mi terrario con ruedas. Que dioses hay muchos y no es preciso cabrearlos a todos.
¡Palabra de rey tormentoso!








Fotografía APOD: Luna en rojo

2 comentarios:

  1. Ese cielo me recuerda otro con media luna,
    se parece al que marco el rumbo de una goleta,
    desde una ventana de la cocina de palacio.

    Ya estamos llegando a la corte,
    me han dicho por ahí, que el rey es consorte,
    sin yo preguntar… no me gusta ser inoportuno.

    Aun así, arriesgándome a no cumplir,
    la reglas de cortesía de este reino,
    diría que es un rey enamorado.

    No he visto profetas por aquí,
    veo más a Sócrates que a Platón,
    las estrellas son color verde esperanza,
    son anillos que envuelven relojes en la arena.

    La geometría no es simétrica,
    quien lo diga miente,
    es un delito eterno, perecer,
    por haber negado un beso,
    volando sobre una atalaya.

    Veo al rey enamorado,
    dejando su sierra, enjarciando su goleta,
    creíamos que era por un reino,
    y no era cierto, era por su reina.
    La única divina, aquella en la que en su presencia,
    nada es mentira, ni el deseo, ni la necesidad.

    En cualquier corte, los reyes se niegan el amor,
    pero hay tantos tipos de amores,
    que algunos se pueden describir,
    sin tener miedo a los dioses,
    ni a las tormentas de luz.

    Vuelvo a ser inoportuno,
    para la cortesía de este reino,
    pero creo que si hubo pasión,
    que la hay, de color verde esmeralda,
    una pasión sin censura, de altas horas,
    protagonista, candida, ancestral,
    una pasión si ruedas, sin barreras…

    El rey tiene un halcón y una reina,
    para que quiere más… en tiempo de tormenta.

    Este es un buen reino, los reyes están enamorados,
    de alguna manera, tengo que recorrerlo más.

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  2. si le miras fijamente,
    si te pierdes por entre el fulgor de sus ojos,
    el rey te la enseñará,
    a la que un día fue su reina favorita

    le quedó su amor,
    su esbelta figura al salir corriendo,
    grabados en el fondo de su corazón...

    regio león

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