domingo, 20 de febrero de 2011

21. Periurium


En Bandah el perjurio florece con una sonrisa.
El brillo marfileño que adoptan entonces los rostros dilata la traición, como si fueras ciego y no vieras las piedras en el margen del camino.
De falsos están los reinos llenos, la suerte es saber conservar la calma chicha necesaria para no empuñar la daga bizantina de los impíos y rematar la faena que los dioses descuidaron al mirar para otro lado.

Y de jurados, el censo está cerrado.
El último, que jamás querrá ser el primero pues declinó la invitación,… el último, queda dicho, votó a la luna así su sombra perdiera entereza, más al tanto de los juegos de luces que de su insinuada forma.
Entereza que, por pereza, se diluyó a cuatro pasos del farol más esquivo entre la bruma nicotina que despedía el fluir denso del río.
Un último jurado abandonado por su rastro, desnudo ya de grises opacos que tergiversaran los matices de su vida solitaria; sospechando, en un abrir y cerrar de alvéolos que el crepitar de su estómago se debía a la euforia del momento y no a la tristeza antigua por un ser querido, acudió presto a chez Malasch para sondear los biorritmos de su negra viuda y perder la vergüenza definitivamente en la alcoba del servicio, cerca del altillo.
Al noticiarse el asombroso desliz y certificarse la ausencia de una de las sombras en tamaña afrenta contra el decoro Malasch, el escriba apuró el tintero en su carta de renuncia, llevándose el último libro de entradas.
¡Palabra de rey sombreado!






Fotografía APOD: Luna llena

2 comentarios:

  1. Este lugar es muy raro, no consigo hablar con el rey, y el escribano renuncia.
    Ÿ todo por que un jurado, ha tenido un desliz, y falta una sombra, una triste sombra.

    Es evidente que el jurado no ha tenido nunca sombra, y si alguna vez la ha tenido, era prestada, lo sé, por que llevo años buscando la mía, para acercarme a la luna.

    Que voy hacer entre, traiciones y grises,

    Y sobre todo, como voy llegar al Rey, si ya no tiene secretario.

    No sé si me acerco o me alejo de mi destino,
    Pero voy a seguir buscando, la marea de la luna, en este reino.

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  2. Ramón, el secretario ha muerto... ¡que viva el secretario!
    lo que le sobran a mi rey son secretarios, seguro que pronto encuentras alguno

    y en cuanto a su escriba, si te sirve la transcriptora, aquí me tienes...

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