sábado, 8 de enero de 2011

19. Áureo


Manchas translúcidas en los cristales de Bandah, al paso de los guardiamarinas.
Manchas moteadas que no estaban ayer ni antesdeayer pero que hoy enmarañan la visión engalanada de miles de hormigas.
Porque en realidad son así, monstruos diminutos pinchados con un alfiler al corcho del asfalto.

Y, de repente, el ocaso de una ráfaga cruza el repetitivo tricolor de los uniformes; y parece marear el ebrio recuerdo de un soplo en la mejilla.
Pero no es nada, ya se pasará.
Enfocado de nuevo el tomavistas, la vida parece un carrusel, sin música, mudo. Porque no llegan hasta aquí los acordes, el vidrio se empeña en ello de una forma brutal y enojosa, haciendo del silencio el dolor más intenso que un monarca pueda soportar.

¿Y qué el monarca? Encerrado en semejante burbuja, respira a impulsos, oye a silbidos y observa a trompicones. Los infantes derrotaron sus maltrechas piernas y los médicos, su indecible incredulidad. Pero ahí sigue, tieso como el palo de telégrafos, inmerso en sus cotilleos de verbena.
¡Palabra de rey entretenido!






Fotografía APOD: Silueta definida

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