jueves, 20 de enero de 2011

20. Fogones


De las cocinas de Bandah sale el vaho que entela mis lentes, sin entender por qué los frijoles o los nabos no hierven sin tanto alboroto.
Seguido por el secretario, al filo de la más burda irreverencia, inspecciono yantares y aún brebajes, con la nariz puesta en todo y la gula ajena en nada.
Si fuera tan fácil morir de hambre, cuchillos y tenedores harían el trabajo sucio, mientras cucharas y demás instrumentos de tortura pondrían la mano para cobrar.
¡Qué panda de sicarios ha perdido la corona!

Mas el apuntador oficial del reino discrepa, blandiendo miserias y penalidades su discurso entrecortado. Lo intuyo encendido pues mis ojos permanecen emborronados en aceitosa niebla, y con la pluma en perfecto equilibrio cartesiano entre el tintero y sus dedos.
¡Cuánta vehemencia desperdiciada en tan infértil disputa!
Cocineros desmayados, ujieres retorcidos en sus vientres y camareros inutilizados en sus bandejas de servicio. Todos ellos envenenados con el guiso de los domingos.
¡Palabra de rey especiado!






Fotografía APOD: Eta Carinae

sábado, 8 de enero de 2011

19. Áureo


Manchas translúcidas en los cristales de Bandah, al paso de los guardiamarinas.
Manchas moteadas que no estaban ayer ni antesdeayer pero que hoy enmarañan la visión engalanada de miles de hormigas.
Porque en realidad son así, monstruos diminutos pinchados con un alfiler al corcho del asfalto.

Y, de repente, el ocaso de una ráfaga cruza el repetitivo tricolor de los uniformes; y parece marear el ebrio recuerdo de un soplo en la mejilla.
Pero no es nada, ya se pasará.
Enfocado de nuevo el tomavistas, la vida parece un carrusel, sin música, mudo. Porque no llegan hasta aquí los acordes, el vidrio se empeña en ello de una forma brutal y enojosa, haciendo del silencio el dolor más intenso que un monarca pueda soportar.

¿Y qué el monarca? Encerrado en semejante burbuja, respira a impulsos, oye a silbidos y observa a trompicones. Los infantes derrotaron sus maltrechas piernas y los médicos, su indecible incredulidad. Pero ahí sigue, tieso como el palo de telégrafos, inmerso en sus cotilleos de verbena.
¡Palabra de rey entretenido!






Fotografía APOD: Silueta definida