viernes, 30 de diciembre de 2011

33. Dual


Cuando el sol alza su vuelo bajo las cúpulas humeantes de Bandah, charcos de un sinfín de matices destilan el barro de la creación. Aromas silvestres, de claro azufre, persiguen los haces de luz y cincelan rayotes condensados sobre la gasa celestial del tiempo.
Serían entonces las nupcias alborotadas y cenizas, en el reflejo añil del platillo para la propina.
¿Quién no disculpa a los amantes de lo ajeno?

Centenares de cabezas sueltas, desparejadas todas ellas de su finalidad última, han coronado balaustradas de puentes siguiendo arcaicos preceptos cómicos. Condenas ejecutadas ahora sí, ahora no, alegre despropósito de un hipotético juramento.
En la dualidad horizontal resplandecen moradas estructuras haciendo de una simple silueta el reclamo antagónico de la verdad puesta en minúsculas.
Lejos queda así la arrogancia regia, el espíritu bufo del cortesano, para que siervos ínfimos como nosotros abotonemos la justa alegría de un trance en corchetes de vivos colores.
Que la sospecha de tamaño crimen chirríe tras las aljabas del patio interior, aquel por dónde la reina y su espía moro peinaban sabrosas ventiscas, al pairo del inútil secretario. Con ello pagaron sus deudas duques y marqueses mucho antes del declive del mundo.

¡Palabra de rey iletrado!







Fotografía APOD: Dos hemisferios

miércoles, 23 de noviembre de 2011

32. nub(Oso)


Navegando, entre un mar y otro, recalan los cirros en Bandah.
Blancos, de puro algodón, los del verano austral. Tostados, cobrizos y lilas los próximos al ocaso de los días. Y añiles, cargados de agua y electricidad los que presagian tormenta.
Y aunque nadie deja de visitarlos en algún momento de su dilatada presencia, son los de aroma a limón los más pertinentes cuando se fía a alguien la eternidad de unos sentimientos.
Millones de muescas sobre la madera que asiste al puente de los engaños refrendan tal hipótesis.
Pero no hay que dejarse obnubilar por el dorado artificial de un colmillo postizo o por el magenta de unas venas cortadas al revés. O por lo menos no al final del recuento de gestas que sintetizan un currículum impersonal, pues si revolcarse en el arenal puede contagiar langostas, desvanecerse en la inconstante profundidad de un cúmulo, plagado de sonoro silencio, conllevaría aceptar la existencia divina en un aire cualquiera.

En ese caso justamente probable, el rey rasgaría sus ojos, parlotearía en dialecto sincero y acometería con su sable oxidado la barriga de todo aquello que le mostraran sus anteojos gastados.
El devenir de sus pasos sobre la tierra sería, con mucho, triste y abyecto. Y las perlas más ridículas asemejarían océanos petrificados en el azul de seda de su chaqué.
Sin embargo, el sol no ha desperdiciado aún ninguno de sus rayos fuera de los confines locales.
Las nubes siguen decorando los pasillos de palacio. Y las ministeriales polillas acompañan un siseo pegajoso en cada actuación de la banda.
Lástima de la estática acuarela.

¡Palabra de rey sombrado!






Fotografía: Nubes de girasol

domingo, 30 de octubre de 2011

31. Emplatar


Sentada en el pescante de mi vida, llegué a Bandah en el soplo de un cometa.
Si alguien apostado en el margen del camino hubiera sorteado mi suerte, par y rojo ganaría la banca.
Que fuera este el atribulado secretario o una dama de cría, nada cambiaría el hecho incontestable de ser la favorita en tierra ajena de un monarca con parangón.
Así las cosas, la sonrisa menguante de los días ha hecho que las congojas de dichos personajes, estrellas efímeras al borde de una teja, sirvan de precedente para todo este preámbulo radial y torsionado en el que se ha convertido mi relato.
¿Y qué sería de mi verbo sin ellos?
Una parte substancial de la creación, así lo dictaría en sus memorias el más docto de mis sirvientes.


Que somos el tiempo que nos queda y aunque Violadores del Verso firmarían cantando tremenda aseveración, no por cierta tendría menos empaque para la que aquí continua trazando blanco sobre negro letras sin sentido, por obra y gracia del perdón y el tiento de un majadero coronado hace ya lustros.

Señor, déme colores, y con tiza plasmaré el universo conocido, sin dejarme por la senda del retrato los portentosos hoyuelos de la maja nebulosa, aquella que desde su particular gancho cuelga los deseos enamorados de millones de penitentes.

¡Palabra de rey impresionado!







Fotografía: Verona, un domingo cualquiera de octubre

sábado, 15 de octubre de 2011

30. Primo piano



Rodear Bandah por el interior de su perímetro y figurarte la oscuridad como una laguna infecta de desangelados presagios.
Tras la cortina, los terciopelos vigilan el prodigio como no haciéndose cargo de lo común de su brillo. Los halos son entonces círculos diamantinos, alianzas por un amor que se dio un día y nunca se lamentó lo suficiente.
Eclipses que vuelven una y otra vez, repetidos en su ciclo vital, aunque los sabios no se permitan errar ni los animales sucumbir a su influjo demoledor.
De soles, de lunas; de mares, de océanos…
Superposiciones equidistantes en un cielo estrellado de conjuros, donde todos enviamos, raudo y veloz, el montante de nuestras esperanzas –sean o no confesables- para no parecer, en la noche de los tiempos, más ingenuos de lo esperado.

A nuestro rey place cogerse del brazo más apuesto de la corte y salir a pasear por los jardines inundados, no sea que un fugaz bólido no lo vislumbre preparado y a la orden, alineado en el teatro efímero de su carta astral.
¡Palabra de rey ufano!





Fotografía: Untitled (Solar eclipse), de Robert Longo

viernes, 2 de septiembre de 2011

29. Picas


Bandah iza sus estandartes en lo más denso de su leyenda, entre nubes de gases innobles.
Y de un mar a borbotones surgen balas de plomo, de un cobrizo que adula mil veces los bucles repeinados de nuestra terca bandera.
Así nace la historia de esta ciudad, al revés del mundo conocido y al final del camino recorrido, entre el barro salpicado por los soldados licenciados.
Desde lo más alto, otea el monarca con sus bufones preparados no sea que un secretario sin tilde ni sello decida inscribir en la batalla al más tullido de nosotros. Que los honores de los grandes no fueron hechos para escribas ni tinteros, ni para novelistas venidos de otras nieblas más ligeras.
Bandah se basta y se sobra para defender los fantasmas que hilaron su nombre, prestos a perecer sentados, en el banquete de su última cena.

El cascabel de madera resuena en lo más hondo, perdido por las costas del lago cubierto de cebada espumosa; y los caballeros, resueltos en su legado con los dioses, voltean sus cabalgaduras libres de cascos para flotar hacia el atardecer sureño.
Se eriza la piel bajo la cota de seda, y dulces manos de doncella cantan la gloria del despertar sobre la espalda magullada del rey doliente, más allá del tiempo.
¡Palabra de rey cronista!







Fotografía APOD: Nubes del revés

martes, 9 de agosto de 2011

28. (co)Senos


Parpadean unos ojos el sueño de Bandah y, sin clamar venganza, el sonrojo de la dama hiere mucho más que la saeta del martirio.
De pecadores la ciudad anda bien surtida, baste acercarse el forastero peor hallado a los burdeles que entran y salen de los contrafuertes del viento. Allí las criaturas más sobresalientes y enigmáticas practican en mil lenguajes parecidos el arte del tiento y del decoro, pues de perdidas y descarriadas la corte sabe un rato.

De las de jubón a rayas y sabor a jazmín, corona los sentidos la hembra del mayordomo de su graciosa majestad el herrero. Las aves exóticas cedieron sus plumajes a fondo perdido ante la blancura algodonera de un par de senos bien anclados al fondo del escotado encierro de un simple vestido de arpillera negra.
Entre lazos y cosquillas refinadas, turgente hechizo para los binoculares de los maestres de capa y espada. Que si bien podrían simular volutas de humo rancio, los pelillos sacudidos con gracia celestial desde el pecho de la susodicha no dejan de cacarear el trino de lindísimas avecillas sacrificadas.
El ínclito herrero se muestra contento allá donde va pues se sabe envidiado, no de cornamenta si no de arte mujeril; y eso hace cotizar sus armas por encima del dictamen ministerial.
Mientras tanto, nuestro rey, desconfiado como el que más ante tanta opulencia, concierta encuentros bajo la persuasiva luz de las velas con la señora en cuestión a la espera del dictamen de los médicos, aquellos preocupados mafiosos que lo asisten cada vez que su lustrosa majestad eyacula parabienes espumosos.
¡Palabra de rey faldero!







Fotografía APOD: Rastros de polvo

sábado, 23 de julio de 2011

27. (A)dorado


Espejismo dorado en el mar trigueño de Bandah.
Y a cada bandada, sentimientos contravenidos en el reverso de unos ojos.
Que tanta luz, tornasol de joyas robadas al alba, no te pierda el rumbo hasta mí.
Si me permitieran dejar el espacio, cabalgaría en pos de la marea espigada para nadar sin miedo a mojarme en su olor amarillo.
Corales vencidos por el último amuleto que se llevó la reina, cosido a los bajos de su corazón malherido. Que la perdí, que se marchó, aún antes de amarla de mentira.
Regresar a su porte, entre los campos, persiguiendo su vestido negro, bajo un oceáno colmado de nubes escarlatas, cuando el sueño borracho de la vendimia pierda el verdor de la uva temprana.
Sólo entonces seguiré siendo yo.
¡Palabra de rey enmascarado!

(poema inacabado)




Fotografía APOD: Espículas

sábado, 18 de junio de 2011

26. Circunferencias


Se quedó con el nombre al parlotear sobre Bandah y, en lo sucesivo, que fue largo y redondo, no hubo quién le discutiera su sino.
El hacedor de caminos, el circunferenciante del mundo interior, nos visitó en el invierno del reino, cuando este escriba aún no conspiraba renglones y las damas de palacio seguían fieles a la moda del jubón.
Y aunque sólo reclamó cierta cortesía palaciega para su mula torda, encandilaba a los presentes al hablar de nosotros mismos. Que si la fragancia de la lluvia, templada al unísono, podía sanar a otras ciudades mucho más aparatosas; o bien que de los insignes arbustos aplanados se podían cantar miles de elocuentes responsos.
Todo por un pedazo de cielo y el soplo del cóndor mochuelo.

El rey, alistado el último en cada proceso, guió como el que más al ejecutador de sendas, vestido de cazador de mariposas y habilidosamente pertrechado de espuelas y caña de pescar… ¡que los andares pueden flojear y ser caprichosos en exceso!
Nunca una pareja de sabuesos tan rentable pisó a este lado del río, ni tampoco sus trabajos dispusieron de tanta gramática olfativa como la suya. Que el monarca fue feliz lo atestigua el rasgueo de toda esta tinta sobre las elevaciones toponímicas del lugar; y que el circunferenciante logró apaciguar su latente verborrea lo explica en cada sesión de control el secretario de turno.
Paz para los que miran más allá de las piedras del camino.
¡Palabra de rey ecuánime!







Fotografía APOD: Sounio

sábado, 4 de junio de 2011

25. Imán*



Hay en la misteriosa geometría
de las constelaciones
un imán tan potente de mis ojos
(girasoles obscuros de las noches),
que tal vez cuando muera, mis dos ávidas
pupilas se transformen
en dos destellos ágiles
que vayan a fundirse con los vórtices
ígneos de Aldebarán, Sirio, Capella,
Rigel, Arturo y sus septentriones,
o con la dulce Vega de la Lira,
en pos de cuyo azul, remoto acorde,
marcha el sol con su coro de planetas
describiendo espirales por los orbes…


Sí, mis ojos irán a las estrellas,
siendo en su luz dos mínimos fulgores,
dos gotas en su mar de oro convulso,
dos chispas en su hoguera multiforme,
dos puntos más en esa geometría
misteriosa de las constelaciones…







Fotografía APOD: Cuatro soles

* Imán, de Amado Nervo (en su libro Perlas negras y otros poemas – Barcelona: Debolsillo, 2002)

sábado, 14 de mayo de 2011

24. De día



Si caes en la cuenta, no pases temor, podrás recoger el peso de tu bolsa en las callejas de Bandah.
Abalorios de bruja precavida, redes para cazar libélulas algo constipadas, o atrapanubes de color marciano,… de todo y más en los puestos reversibles de la zona más arcana.
Allá donde la estrechez de miras, por aquello de los balcones tocantes, es elogio y no menosprecio.
En el mismo sitio en el que descuidar unos calzones puede agujerear tu hombría, o perder la honra te convierte, de facto, en la más fácil de las damiselas… sin necesidad de reales decretos!!!



Conspiré por los tejados, dejando atrás a gatos y bestias salvajes; y se hizo mi voluntad.
Edifiqué amoríos, venganzas y también galletas de coco, alrededor del velamen de una cabellera crepada y cobriza, con más escalas que un eclipse lunar en solfa.
Y aunque me faltaron lápices, pues rodaron cual goteras del cielo, robándolos la tara ligera de mi flaca memoria; me apliqué con plumas, estrellas y carboncillos, que imaginar la ciudad de tus sueños no es tarea simple, ni para un argonauta con título.
Vagabundos y carteros saben bien de mi esfuerzo titánico, eternos sufridores del laberinto ajardinado en el que trajinan a diario cuerpo, alma y zapatos. Que el secretario me informa, no lo duden nunca mis cantarines pajarillos de cuerda… aquellos que trinan el tiempo rodando y rodando por la esfera del campanario más alto.
¡Palabra de rey arquitecto!










Fotografía APOD: Eclipse parcial

martes, 19 de abril de 2011

23. Arder


¿No hubo pasión?

Para un morador de Bandah es inoportuno preguntar, como también lo es presuponer.
En la noche estrellada, con todas las luciérnagas entregadas a la tonada celestial, la duda razonable destila resina violácea.
No seamos fatuos; en los hogares despiertos hasta altas horas, el amor se despereza poblando a reacios protagonista de cierta esperanza geométrica.
Si el rotar hidráulico de varios anillos suspendidos de su índice aparcara la fiel censura de un deseo, qué no afectaría la pálida candidez del guiño entregado al aire en los pasillos tortuosos de una torre.

Perecer en torno a la salomónica negativa de un beso, estrellar los ojos en el paraíso acuoso de un mar enfurecido por el rechazo más ancestral de la historia.

Que dos amantes sean enamorados en su desdicha platónica, refuerza el criterio médico del suicidio cuántico de sus cuerpos sobre arenas de mentira.
Oficialmente la reina lo es por gracia divina, mientras que el lacayo calentador pugna su puesto con la temporalidad de un contrato papelero.
Suerte tengo, siendo escriba, de no aspirar amor alguno tras las puertas esquivas de mi terrario con ruedas. Que dioses hay muchos y no es preciso cabrearlos a todos.
¡Palabra de rey tormentoso!








Fotografía APOD: Luna en rojo

jueves, 10 de marzo de 2011

22. Dorada corola


No es tarea fácil encontrar de buen humor al rey de Bandah, asustarle con el presupuesto en jabón de girasol malgastado por algún que otro sujeto y conseguir que tu cuello, investido de una suerte fabulosa, prosiga en su sitio por tiempo imperecedero. Si además ese mismo cuello resiste la tortura china y no se desnuca bailando al son de sus muelles, la elasticidad de huesos y membranas hará el resto, que no es más que tragar con todo, y resistir el cruel y despiadado homicidio regio.
Pero aún es pronto, la medicación flota divertida en el estómago y los efectos colaterales no han arrancado el hervor.
La úlcera flaquea vergonzosa y el hiato ríe espasmódico tras la pared intercostal.

El crisantemo amarillo pende abrasados rayos del azul plomizo y, bajo la visera manual, el iris desenfoca a propósito el tono del día.
Dejaron las lupas sin limpiar. ¡Malditos criados sin alma!
Y ciego, el rey silva y relincha, su halcón empica el brillo y el secretario se echa las manos al gaznate para acoplarse la soga del tiempo.
Verlos gozar así, de su escasa compañía, no tiene precio. Será por eso que la escena pasará inadvertida para los astrólogos y los enfermos, consumidos todos en sus propias alucinaciones.

Y en el camino marcado, más allá de la tierra seca y magenta del recodo, buscaré al guitarrista negro, el que ayer, desterrado en una zanja, seguía lustrando sus cuerdas bucales al compàs de un 3 por 4 desafinado.
Y tirado en su carro, chasqueando los dientes en memoria de algún actor, partió de regreso el viejo heredero.
¡Palabra de rey joraique!






Fotografía APOD: Explosión solar

domingo, 20 de febrero de 2011

21. Periurium


En Bandah el perjurio florece con una sonrisa.
El brillo marfileño que adoptan entonces los rostros dilata la traición, como si fueras ciego y no vieras las piedras en el margen del camino.
De falsos están los reinos llenos, la suerte es saber conservar la calma chicha necesaria para no empuñar la daga bizantina de los impíos y rematar la faena que los dioses descuidaron al mirar para otro lado.

Y de jurados, el censo está cerrado.
El último, que jamás querrá ser el primero pues declinó la invitación,… el último, queda dicho, votó a la luna así su sombra perdiera entereza, más al tanto de los juegos de luces que de su insinuada forma.
Entereza que, por pereza, se diluyó a cuatro pasos del farol más esquivo entre la bruma nicotina que despedía el fluir denso del río.
Un último jurado abandonado por su rastro, desnudo ya de grises opacos que tergiversaran los matices de su vida solitaria; sospechando, en un abrir y cerrar de alvéolos que el crepitar de su estómago se debía a la euforia del momento y no a la tristeza antigua por un ser querido, acudió presto a chez Malasch para sondear los biorritmos de su negra viuda y perder la vergüenza definitivamente en la alcoba del servicio, cerca del altillo.
Al noticiarse el asombroso desliz y certificarse la ausencia de una de las sombras en tamaña afrenta contra el decoro Malasch, el escriba apuró el tintero en su carta de renuncia, llevándose el último libro de entradas.
¡Palabra de rey sombreado!






Fotografía APOD: Luna llena

jueves, 20 de enero de 2011

20. Fogones


De las cocinas de Bandah sale el vaho que entela mis lentes, sin entender por qué los frijoles o los nabos no hierven sin tanto alboroto.
Seguido por el secretario, al filo de la más burda irreverencia, inspecciono yantares y aún brebajes, con la nariz puesta en todo y la gula ajena en nada.
Si fuera tan fácil morir de hambre, cuchillos y tenedores harían el trabajo sucio, mientras cucharas y demás instrumentos de tortura pondrían la mano para cobrar.
¡Qué panda de sicarios ha perdido la corona!

Mas el apuntador oficial del reino discrepa, blandiendo miserias y penalidades su discurso entrecortado. Lo intuyo encendido pues mis ojos permanecen emborronados en aceitosa niebla, y con la pluma en perfecto equilibrio cartesiano entre el tintero y sus dedos.
¡Cuánta vehemencia desperdiciada en tan infértil disputa!
Cocineros desmayados, ujieres retorcidos en sus vientres y camareros inutilizados en sus bandejas de servicio. Todos ellos envenenados con el guiso de los domingos.
¡Palabra de rey especiado!






Fotografía APOD: Eta Carinae

sábado, 8 de enero de 2011

19. Áureo


Manchas translúcidas en los cristales de Bandah, al paso de los guardiamarinas.
Manchas moteadas que no estaban ayer ni antesdeayer pero que hoy enmarañan la visión engalanada de miles de hormigas.
Porque en realidad son así, monstruos diminutos pinchados con un alfiler al corcho del asfalto.

Y, de repente, el ocaso de una ráfaga cruza el repetitivo tricolor de los uniformes; y parece marear el ebrio recuerdo de un soplo en la mejilla.
Pero no es nada, ya se pasará.
Enfocado de nuevo el tomavistas, la vida parece un carrusel, sin música, mudo. Porque no llegan hasta aquí los acordes, el vidrio se empeña en ello de una forma brutal y enojosa, haciendo del silencio el dolor más intenso que un monarca pueda soportar.

¿Y qué el monarca? Encerrado en semejante burbuja, respira a impulsos, oye a silbidos y observa a trompicones. Los infantes derrotaron sus maltrechas piernas y los médicos, su indecible incredulidad. Pero ahí sigue, tieso como el palo de telégrafos, inmerso en sus cotilleos de verbena.
¡Palabra de rey entretenido!






Fotografía APOD: Silueta definida