viernes, 26 de noviembre de 2010

17. Accidentes


Cataratas antiguas velando la oscuridad de sus ojos, en un juego de brillos y sombras que la tecnología aumenta a su libre albedrío. Y en el fondo de esos mismos ojos, el perfil horizontal de Bandah recortado en cartón piedra del decorado de una vida entera.

Suntuosa recreación de la felicidad adolescente, allá por el pueblo, posando en bicicleta con las otras niñas; o de la amargura más dolorosa cuando el brote de tifus, auxiliando la prepotencia de aquel carnicero militar que rayaba el sadismo bisturí en mano.
Recreación centelleante, aún en el recuerdo de otros, cuando las pruebas de vestuario en la comunión de su hija. Ya entonces supo que no asistiría a su enlace matrimonial, que aquella sería su única oportunidad de verla disfrazada de princesa. Y la certeza en su propio vaticinio cautivó al resto de acólitos que aplaudieron los desvaríos de la reyna.

Escenas superpuestas en el teatrillo de su mirada, entre una niebla difusa que todo lo mezcla, por obra y gracia del oftalmólogo oficial, hacedor divino de instantáneas con sólo apretar la tecla del objetivo.
Ahí ves a su familia; los eternos viajes en tren, de punta a punta del país. El bienestar de su embarazo y al ropita de bebé sobre la cuna. Las operaciones posteriores y los diagnósticos contrastados de los especialistas. Los coches, todos rojos, a excepción del primero. Los besos de su niña favorita ahora en su vejez…

Tiovivo desordenado de emociones, en el espacio infinitesimal de su globo ocular.
¡Palabra de rey agradecido!







Fotografía APOD: Sol distante

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