viernes, 29 de octubre de 2010

16. Desbandada


Si todo aquel que recoge sus frutos devolviera a Bandah parte de lo sembrado, otro plumífero nos cantaría.
Pero no es el momento de hacer hervir la sangre más de lo apetecible pues ya se derramó suficiente en la última contienda. Baste citar a los clásicos, aunque sea de pensamiento, y todo permanecerá inalterable.
Amén.

Volviendo al plumífero, el ave visitó el fortín siendo un polluelo. Para cuando pudo sobrevolarlo a su antojo, el emplazamiento se había trasladado apenas unos grados. El hecho no tendría mayor importancia si no fuera porque yo mismo críe al osado animal. Su plumaje, su cresta coloreada en amianto, toda su línea aerodinámica de serie, eran la envidia del más pintado. Y a él recurrieron mis enemigos para darle caza y extraditarlo a su lugar de origen sin tener la más mínima consideración a mis desvelos interesados y partidistas.
Mas la perfidia se les volvió contraria. En el atardecer del día de su partida, pétalos en rojo fuego precipitaron de las alturas, en ráfagas aleatorias de alto contenido mineral; y miles de pájaros llenaron de perfume otoñal las calles atestadas de caras trasnochadas. Peregrinos que llegaban para acompañar en su transito al que durante unos decenios habitó mi preciosa jaula dorada; y al que yo sobornaba para oírlo cantar.
¡Palabra de rey desplumado!







Fotografía APOD: La galaxia del paraguas

2 comentarios:

  1. Bandah, la ciudad invisible donde habitan seres extraños, extrañamente encerrados en jaulas doradas (algunos ven en el atardecer destellos de sus barrotes en el horizonte).

    mi beso

    el magnetista

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  2. Los pájaros de otoño son dorados, rojizos, ocres, tostados y amarillentos... ¿no? Pero de corto vuelo.


    besos

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