miércoles, 13 de octubre de 2010

15. Lagunar


En el extremo más cercano al final se encuentra un lago sin nombre.
Durante las calendas de marzo Bandah se sumerge en la luz brumosa de sus aguas sin prestar demasiado interés a las consecuencias. Es entonces cuando las nubes de celofán que serpentean por doquier, refieren algún estornudo sibarita y la campaña de gripes se apresta a colonizar la ciudad.

¿Y para qué sirve un lago sin nombre? Para bien poco si no sabe jugar bien sus cartas. Y no son necesarias las trampas para reírse del destino con tan sólo un as a buen recaudo en el doble fondo de la manga.
Tanto de una cosa como de la otra el rey no puede dar mucha fe pues él mismo se jugó el abecedario entero con el encargado del registro, a la carta más regia y perdió. De ahí que no le quedaran letras para otorgar particularidad a un simple accidente geográfico cargado de humedad y de ranas principescas.
Y ahora, en el honor manifiesto que supone carecer por completo de denominación, se distingue cierto orgullo patrio al vadear su ensenada. Que nadie podría defender mejor sus intereses que una columna constante e infinita de gotas de agua suspendidas al unísono por una causa común (y justa).

Así pues, al localizar en los mapas una muesca coloreada de azul sin tinta negra en su interior, no se afanen los descubridores ávidos de aventura y reconocimiento mundano pues es más que probable que el mérito de su hazaña sea desafortunado y en extremo engorroso.
A nadie le gusta que le molesten en su día de asueto y menos por algo que no tiene sentido o solución.
¡Palabra de rey congestionado!





Fotografía: Un lugar indeterminado tras el cielo de Milano

2 comentarios:

  1. Sus aguas estarán siempre libres del yugo del nombre que somete las realidades a las cárceles de las enciclopedias...


    besos

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  2. Más que embotarse en la congestión, deslizaba su fluido más allá de las nubes.
    Como doncel del rey, trazó el cielo de líneas sin perdida, a su vuelta, de colores irisados.
    Color ocre sobre fondo anaranjado, tiñendo el oro de rojo encendido hasta el violeta de mujer. Esas líneas, las ocultó entre la selva virgen del lago, camellones por descubrir.
    La figura de su amada, envuelta en mil geoglifos, siempre permanecería hermosa, acicalada en esas líneas del gran lago, espejo de estas letras.

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