sábado, 28 de agosto de 2010

12. A fuerza de silencios


El silencio agita los cimientos de Bandah.
El mismo silencio que precede al derrumbe de una montaña; o como aquel que paraliza los corazones más agrestes ante la efigie de una buena soga.

El silencio ha preescrito el tiempo entre las piedras atemporales que guarecen nuestro dolor, sin dejar de parecer altisonante en las estrías más oscuras.
Yo gozaba de su lejanía, allá por los años en que comía perdices. Mis mejores poemas, mis peores letras,… todo se lo debo a su cercanía perezosa.
Y aún así no consigo hacerme una idea exacta del por qué del error. ¿Qué fue lo que desorbitó el trance de los sueños? ¿Qué hizo que nos alejáramos irremisiblemente de la orilla marcada?
Quizá el silencio dejó de actuar cuando más necesario era; cuando todavía era posible una reconciliación honrosa.
Desde entonces, voces pedigüeñas disparan arcabuces sin oficio ni beneficio ante mis elegantes narices con la esperanza (vana, asumo yo) de ver recompensados sus más impíos esfuerzos mientras mi glauca expresión los corroe con gran hastío e intolerante paciencia.
¡Palabra de rey castigado!





Foto APOD: Halo solar