miércoles, 16 de junio de 2010

10. Hilando


Mescaline el pasante visitó Bandah apenas unas horas antes de la coronación.
Absorto entre las hebras jazmines de su capa, el gusano de la filoxera relamía con sumo gusto los brotes más sabrosos de su hilo borgoñés.
Lanzadas las campanas al vuelo, en un intento por tergiversar las leyes de la gravedad más elemental, se esperaba un carrusel de muertos y mutilados que no llegó a producir más que ligeros aspavientos.
Pero hay que reconocer que la visión ensordecedora de miles de toneladas de acero, corriendo ladera a bajo de una partitura de badajos desenfrenados, puede sorprender a más de un corazón. No así a Mescaline cuya osamenta a prueba del mejor lanzador de bolos puede soportar el fundido metálico de tanto instrumento sin sollozar ni un ápice de cordura.

Descalzo, dijo, por un sentimiento vanidoso de culpa, paseó los kilómetros que lo alejaban del castillo cantando fórmulas trigonométricas con la voluntad de descifrar el número exacto de invitados que asistirían sin carruaje de tiro a mi entierro.
Ocho minutos antes de pasar por la iglesia, las estrellas de rosa que despuntaban en el anillo filosofal cesaron en su brillo, al unísono, entristecidas por lo erróneo del resultado.
Mescaline huyó con sus escarpines por sombrero mientras nosotros jurábamos eternos votos de fidelidad frente al calderero.
¡Palabra de rey matemático!




Foto APOD: Rayos cósmicos

1 comentario:

  1. interesante esta ciudad que vuelve sobre sí misma,
    un saludo

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