viernes, 21 de mayo de 2010

08. Luz colgada


Si te parece que Bandah flota a la intemperie en el frío mes de marzo o que su figura estilizada se estremece por el calor de un diciembre boreal, jamás olvides que en mis tiempos todo resultaba menos llamativo.

Luciérnagas floreadas con el estridente sonido de un piano desafinado se asemejan en ritmo y ternura a aquellos peces negros de coral que, aunque amarrados a su arrecife por tiempo superior a una vida, vagan sin remedio río arriba con la llegada de la primavera.
Y a esa estación de ensueño debemos tantos deseos incumplidos. Nunca se habían agolpado de esa forma en nuestros despachos marchitos como en las primeras décadas del solsticio. Disfrazados de esmeralda en los bellos ojos de una virgen o de lapizlázuli en las profundas aguas inertes del lago superior, dichos deseos reblandecen los corazones sin dueño de poetas y químicos organolépticos.
¿Qué sería de los suicidados por amor si sus conexiones mentales no se vieran alteradas por procesos fisicoquímicos relevantes para la salud de todo un pueblo?
¿Dónde iría a desembocar su dolor?
Quizá sea más atractivo para el alma del condenado el puente con cadenas medievales que da la bienvenida al viajero desde el extremo sur del golfo. Pero en la práctica todo pende de igual forma: boca abajo y sin sustancia.
O por lo menos eso es lo que pensaba mi secretario en funciones (en funciones especiales) al que mortificaba sobremanera la visión de los colgados poco antes de la campanada inicial.
Creía yo, ingenuo de mí, que tardaría poco en acostumbrar su estómago al trajín mortuorio de la plaza pero las moscas vinieron a sacarlo de su letargo mareante para llevárselo más allá de las minas perdidas. Y resultó decepcionante (por no decir gratificante) en grado sumo buscarle un sustituto.
Los candidatos recorrían sin descanso los estrechos pasajes que aletargaban mi indecisión ministerial con aplomo operístico en una danza mal ensayada y grotesca. Al final sucumbí a las órdenes del altísimo, girando la rosa de los vientos en mi contra para aplacar la furia desatada del aburrimiento. ¿Acaso no es más sencillo aliarse con el enemigo en tierra franca que menospreciar al rival por su currículum pendenciero?
Ah, qué tiempos aquellos de miel con almendras.
¡Palabra de rey lisonjero!




Foto APOD: Ruta acuática

2 comentarios:

  1. ah, qué bien suena todo a ritmo de mandolina!!

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  2. ¿En Bandah todos escriben tan bien?
    Me encanta tu prosa. Original, fresca, dinámica...


    besos

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