lunes, 19 de abril de 2010

05. De nubes


En Bandah las nubes hacen chiquilladas.
Los húmedos vientos del estrecho intentan pasar totalmente desapercibidos por el peaje invernal; pero delicados pájaros de algodón, centelleantes como el azúcar, se condensan en el azul violáceo del amanecer creando un fondo veneciano inmaculado.

Esas mismas nubes son las que, cargadas de confeti, perfilan el rostro del gobernador o el de la doncella más pérfida del mundo. Se deshilachan la vestimenta y los harapos se consumen sin más en cada nuevo retrato.
Obra pictórica en perenne evolución.

Varado en un campo de trigo verde, rendidas mis velas entre suspiros y promesas, echan a volar mis ojos, aleteos espumosos, conformando un plano cenital inconmensurable.
Los dioses nunca debieron abandonarnos.
¡Palabra de rey buhonero!


Fotografía APOD: Ángel de humo

3 comentarios:

  1. Pero son un peligro para la navegación aérea...distraen a los pilotos, e incluso algunos hacen maniobras arriesgadísimas por no deshacer sus figuras. Eso sí, desde tierra...

    besos

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  2. No conté ni esperé una determinada hora, ni tan siquiera, ni mi cuerpo ni mis pies, denotaban fatiga.
    La alfombrada tarde dorada, iba cayendo hacía ese termino donde alcanza mi vista, el confín de mi aventura. El cuadro que se representaba frente a mí, no era pintado por ningún maestro imaginario.
    Asenté mis posaderas en una especie de promontorio, recordándome el lugar los Cuatro Postes de Ávila, para no perderme el ir y devenir de las gentes de Bandah.
    Una suave brisa me regalaba las voces de los comerciantes, mercachifles vestidos de mil colores. La hora ceniza despedía a los últimos compradores que, arrastrando sus pequeños carros, levantaban pequeñas nubes de polvo semejando pepitas de oro en esa hora violeta.
    Pronto, llegarían las lluvias. Lejanas nubes, empujándose unas a otras, como chiquillos alrededor de un caramelo, presagiaban una negra noche.

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  3. De cenizas, tienes razón, desde tierra son una maravilla...

    que, en ocasiones, Manel, traen tormentas, para aclarar las circunstancias de nuestro propio cansancio.

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