lunes, 15 de marzo de 2010

02. Cometas a la fuga


A Bandah regresé de joven cuando todavía era capaz de ruborizarme, y no creía yo que aquello fuera a curtirme menos que las guerras de cien años que solíamos festejar día y noche.
Siempre es bueno tejer amistades para toda la vida sin más obligación que el saludo cortés al cruzarse una tarde de mayo por el malecón.
Pero nada dura eternamente, ya lo decían los astros, y en Bandah era fácil morir sin sentir el apremio de una confesión a la luz de la vela que aguarda nuestro reposo.
Unos pies grabados en la arena sosegada del recuerdo, cuando las olas rompientes esquivan su silueta… no fueran a marcharse los granillos por entre los dedos como en un desagüe de la imaginación.

El paisaje de la ciudad pasaría del verde al ocre en apenas unos decenios pero de eso nadie se haría responsable en el final de sus horas. Sólo la sonrisa de una doncella enamorada o el crepitar de unos besos robados al sueño podrían confirmar la evidencia de su destino.
Que las oportunidades pasan, vendaval arriba, vendaval abajo, como las hojas secas que arrastra el otoño mientras la tarta de castañas sube en el horno de la vida,… y que a veces la tonada de una vieja canción nos hace resucitar del sopor más absoluto sin pedirnos cuentas, sólo por el gusto de chispearnos en los ojos cargados de fugacidad.
¡Palabra de rey cometa!


Fotografía APOD: Trazos de estrellas

2 comentarios:

  1. El paisaje, en la zona de Ghazni, no era tan distinto de aquel primer impacto antes de adentrarnos por primera vez en esas tierras desérticas y campos verdes vestidos de rojo.
    Campos sembrados de fusiles; extensos campos sembrados de esa flor roja, semblanza a la amapola, con su cebollina figura, adormidera verde.
    La sacudida de ellos, con sus botas y tanques, barría el camino, inundando de polvo el horizonte abierto. Como aquellos años, cuando el viento arremolinaba la hojarasca caída de sus flores blancas, violetas, fucsia poco antes de la recolecta, semicerrando los ojos para evitar el salto del opio herido sobre su cabeza verde.
    Dejando atrás los vendavales sin razón, nos dirigimos a las afueras de Ghazni, nadie y nada, impediría adentrarnos en el camino y conocer su historia y monumento. La historia del héroe nacional, el poeta, patrón de las artes, Mahmud de Ghazni, rey de Gahzni.

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  2. ¡Adoro a la gente que se ruboriza!

    Ah, y me gusta mucho el ritmo de tus escritos. Me imagino en un barco, de lado a lado mecido mientras los leo.

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