martes, 28 de diciembre de 2010

18. Paño


Si me preguntaran por el recuerdo más intenso que tengo de Bandah hablaría, hasta el fin de los tiempos o en apenas un segundo, del tacto de la tela; de aquella pieza de paño que, escondida tras muchas otras, dormía sin descanso en el taller del ebanista.

La reina nunca entendió mi predilección por el gris marengo, por las tardes de lluvia envueltas en aquel trenzado de matices que, de puro plomo, pesaba como mil onzas de cabello mojado.
Extendía el doble de ancho sobre la basta madera y acariciaba su mar ondulado como si de las cuerdas de un violín se tratara. Y hacía fluir la música desde las profundidades.
¿Oyes la sirena acercándose en la tormenta?, le preguntaba entonces al eco de los regios pasos que se alejaban camino de la merienda; y siempre obtenía la misma enigmática contestación…
¿cuándo le dirás al carpintero que su barco naufragó?
Nunca, él ya lo sabe. Viajaba conmigo.
¡Palabra de rey modisto!






Fotografía APOD: Ondas de densidad

viernes, 26 de noviembre de 2010

17. Accidentes


Cataratas antiguas velando la oscuridad de sus ojos, en un juego de brillos y sombras que la tecnología aumenta a su libre albedrío. Y en el fondo de esos mismos ojos, el perfil horizontal de Bandah recortado en cartón piedra del decorado de una vida entera.

Suntuosa recreación de la felicidad adolescente, allá por el pueblo, posando en bicicleta con las otras niñas; o de la amargura más dolorosa cuando el brote de tifus, auxiliando la prepotencia de aquel carnicero militar que rayaba el sadismo bisturí en mano.
Recreación centelleante, aún en el recuerdo de otros, cuando las pruebas de vestuario en la comunión de su hija. Ya entonces supo que no asistiría a su enlace matrimonial, que aquella sería su única oportunidad de verla disfrazada de princesa. Y la certeza en su propio vaticinio cautivó al resto de acólitos que aplaudieron los desvaríos de la reyna.

Escenas superpuestas en el teatrillo de su mirada, entre una niebla difusa que todo lo mezcla, por obra y gracia del oftalmólogo oficial, hacedor divino de instantáneas con sólo apretar la tecla del objetivo.
Ahí ves a su familia; los eternos viajes en tren, de punta a punta del país. El bienestar de su embarazo y al ropita de bebé sobre la cuna. Las operaciones posteriores y los diagnósticos contrastados de los especialistas. Los coches, todos rojos, a excepción del primero. Los besos de su niña favorita ahora en su vejez…

Tiovivo desordenado de emociones, en el espacio infinitesimal de su globo ocular.
¡Palabra de rey agradecido!







Fotografía APOD: Sol distante

viernes, 29 de octubre de 2010

16. Desbandada


Si todo aquel que recoge sus frutos devolviera a Bandah parte de lo sembrado, otro plumífero nos cantaría.
Pero no es el momento de hacer hervir la sangre más de lo apetecible pues ya se derramó suficiente en la última contienda. Baste citar a los clásicos, aunque sea de pensamiento, y todo permanecerá inalterable.
Amén.

Volviendo al plumífero, el ave visitó el fortín siendo un polluelo. Para cuando pudo sobrevolarlo a su antojo, el emplazamiento se había trasladado apenas unos grados. El hecho no tendría mayor importancia si no fuera porque yo mismo críe al osado animal. Su plumaje, su cresta coloreada en amianto, toda su línea aerodinámica de serie, eran la envidia del más pintado. Y a él recurrieron mis enemigos para darle caza y extraditarlo a su lugar de origen sin tener la más mínima consideración a mis desvelos interesados y partidistas.
Mas la perfidia se les volvió contraria. En el atardecer del día de su partida, pétalos en rojo fuego precipitaron de las alturas, en ráfagas aleatorias de alto contenido mineral; y miles de pájaros llenaron de perfume otoñal las calles atestadas de caras trasnochadas. Peregrinos que llegaban para acompañar en su transito al que durante unos decenios habitó mi preciosa jaula dorada; y al que yo sobornaba para oírlo cantar.
¡Palabra de rey desplumado!







Fotografía APOD: La galaxia del paraguas

miércoles, 13 de octubre de 2010

15. Lagunar


En el extremo más cercano al final se encuentra un lago sin nombre.
Durante las calendas de marzo Bandah se sumerge en la luz brumosa de sus aguas sin prestar demasiado interés a las consecuencias. Es entonces cuando las nubes de celofán que serpentean por doquier, refieren algún estornudo sibarita y la campaña de gripes se apresta a colonizar la ciudad.

¿Y para qué sirve un lago sin nombre? Para bien poco si no sabe jugar bien sus cartas. Y no son necesarias las trampas para reírse del destino con tan sólo un as a buen recaudo en el doble fondo de la manga.
Tanto de una cosa como de la otra el rey no puede dar mucha fe pues él mismo se jugó el abecedario entero con el encargado del registro, a la carta más regia y perdió. De ahí que no le quedaran letras para otorgar particularidad a un simple accidente geográfico cargado de humedad y de ranas principescas.
Y ahora, en el honor manifiesto que supone carecer por completo de denominación, se distingue cierto orgullo patrio al vadear su ensenada. Que nadie podría defender mejor sus intereses que una columna constante e infinita de gotas de agua suspendidas al unísono por una causa común (y justa).

Así pues, al localizar en los mapas una muesca coloreada de azul sin tinta negra en su interior, no se afanen los descubridores ávidos de aventura y reconocimiento mundano pues es más que probable que el mérito de su hazaña sea desafortunado y en extremo engorroso.
A nadie le gusta que le molesten en su día de asueto y menos por algo que no tiene sentido o solución.
¡Palabra de rey congestionado!





Fotografía: Un lugar indeterminado tras el cielo de Milano

sábado, 18 de septiembre de 2010

14. Nacer


En la noche de los tiempos, en aquella en la que Bandah se reveló alternativamente majestuosa y perversa… en esa noche digo, el rey nació entre suspiros embrujados y anhelos mal diestros.
Los allí presentes confesarían tiempo antes que el alumbramiento debería corresponder al género fantástico para hacer de la ciudad una plaza de cuento.
Mas no se cumplieron sus expectativas y, pasada la estrella por el reverso del firmamento, apenas resistió el polvo de oro sobre la caja de música que una abuela generosa tuvo a bien depositar en el regazo de la cuna imperial.

Un coro de niños arrancado del paraíso cantor de la sacristía pergeñaba segundo a segundo sublimes melodías para reconfortar a la parturienta, cayendo tarde en su error pues quién osaría comparar los berridos de cientos de angelotes rubios con los de una criatura venida a este sucio y decadente mundo sin apenas formación.
Tembló el pescuezo del director de cámara y también el bastón de los progenitores. Y puestos a imitar el dulce balanceo del junco, siguieron el ritmo las criadas, los sonetos del viento y hasta el otoño alojado en los cristales de la alcoba.
Que un rey no nace todos los días y un heredero menos todavía. Y quién diga lo contrario puede que mienta pero no más que aquel otro embaucador de sucesos, diestro y malvado por igual, que visitó la corte nueve meses antes del feliz parto.
La menina de tirabuzones de carbón, asomada a la cabecera del bebé, fue la única en descubrir aquel brillo azulón que destilaban los ojos del mago en las tempranas pupilas del vástago real.
¡Palabra de rey bartardo!




Foto APOD: Nebulosa Trífida

viernes, 10 de septiembre de 2010

13. Desde el puente


Bandah, o cómo ser feliz sin caer en la cuenta de nuestros deudores.

Palos de ciego, colocados uno a uno en estratégica simbiosis, con la esperanza de reconocer la esquiva fortuna en una piedra del camino.
Como aquella vez en que, cayendo chuzos de punta, al secretario le dio por acudir al puente medieval creyendo que las hadas madrinas allá congregadas podrían revelarle el secreto sin coacción aparente.
Fue la última y primera vez que todo se supo, sin escándalo ni revuelo; pero con el convencimiento que su salud mental no era del todo la adecuada.
¿Y qué podía hacer yo?, si saber de sus andanzas templarias era toda una aventura para mis apagados años. Además, la reina de corazones dimitió de las barajas de la corte y ambos transcurríamos nuestros días sin más acicate que un buen plato de aceitunas y alguna que otra escapada bochornosa auspiciada por el buen vino de Borgoña; que más parecíamos dos avispados mozalbetes que un par de aviejados chupatintas…

Todo vale en esta viña de perdición, entre sarmientos retorcidos por la salinidad de los campos; todo vale cuando la lluvia no cesa en su empeño, físicamente estudiado, de cegar nuestras ventanas superponiendo cortinas y más cortinas, redoblando lo que de funesto tienen los temporales de levante.
Opacidad convertida en brillantes esmerilados y acumulada en los desagües principales.
Y mientras reposan las copas escarchadas a medio llenar sobre la partitura de esta comedia en dos actos, con epílogo latinizado al intermedio, los rebaños asilvestrados pacen en su cenit ajenos a los tejemanejes de los elfos con las cucas de luz.
Sería maravilloso levantar la vista hacia el horizonte y no ver más allá de la brizna de hierba fresca que se merienda tu compañera trasquilada.
¡Palabra de rey “pacente”!




Foto APOD: Galaxia M104

sábado, 28 de agosto de 2010

12. A fuerza de silencios


El silencio agita los cimientos de Bandah.
El mismo silencio que precede al derrumbe de una montaña; o como aquel que paraliza los corazones más agrestes ante la efigie de una buena soga.

El silencio ha preescrito el tiempo entre las piedras atemporales que guarecen nuestro dolor, sin dejar de parecer altisonante en las estrías más oscuras.
Yo gozaba de su lejanía, allá por los años en que comía perdices. Mis mejores poemas, mis peores letras,… todo se lo debo a su cercanía perezosa.
Y aún así no consigo hacerme una idea exacta del por qué del error. ¿Qué fue lo que desorbitó el trance de los sueños? ¿Qué hizo que nos alejáramos irremisiblemente de la orilla marcada?
Quizá el silencio dejó de actuar cuando más necesario era; cuando todavía era posible una reconciliación honrosa.
Desde entonces, voces pedigüeñas disparan arcabuces sin oficio ni beneficio ante mis elegantes narices con la esperanza (vana, asumo yo) de ver recompensados sus más impíos esfuerzos mientras mi glauca expresión los corroe con gran hastío e intolerante paciencia.
¡Palabra de rey castigado!





Foto APOD: Halo solar

miércoles, 30 de junio de 2010

11. Prendida


Indolente se adormece Bandah en el amanecer de los tiempos.
Entre el barullo se perciben olores de colores que nos susurran sueños irreales, quebraderos de cabeza para los profanos en la materia.
La chimenea aún conserva trazos chamuscados de mis palabras malsonantes. El secretario descorchó el acelerante incendiario para tapar nuestras culpas.
Mas el recuerdo imborrable de un reproche, frívolo espectador en las horas bajas, suplica entrar en acción por boca de la meretriz más exquisita. Engalanada a la tenue luz de una vela, escuadra y cartabón en mano, ésta escupe líneas discontinuas en tinta sepia de nogal sin otra gracia que separar los granos de sal que se perdieron en el mar.

Y aunque el cenit llegó para el sol, la llama de cera violeta transfigura el oxígeno y la concentración de vapor de agua en polvo de oro, precipitado hacia el cielo raso de una lámpara de araña.
Tras el aguacero de luz dorada se cierran mis párpados y la música del motor a reacción rompe la barrera del silencio en pos de nuevas musas.
¡Palabra de rey acompasado!



Foto APOD: La nave Endeavour hacia la órbita terrestre

miércoles, 16 de junio de 2010

10. Hilando


Mescaline el pasante visitó Bandah apenas unas horas antes de la coronación.
Absorto entre las hebras jazmines de su capa, el gusano de la filoxera relamía con sumo gusto los brotes más sabrosos de su hilo borgoñés.
Lanzadas las campanas al vuelo, en un intento por tergiversar las leyes de la gravedad más elemental, se esperaba un carrusel de muertos y mutilados que no llegó a producir más que ligeros aspavientos.
Pero hay que reconocer que la visión ensordecedora de miles de toneladas de acero, corriendo ladera a bajo de una partitura de badajos desenfrenados, puede sorprender a más de un corazón. No así a Mescaline cuya osamenta a prueba del mejor lanzador de bolos puede soportar el fundido metálico de tanto instrumento sin sollozar ni un ápice de cordura.

Descalzo, dijo, por un sentimiento vanidoso de culpa, paseó los kilómetros que lo alejaban del castillo cantando fórmulas trigonométricas con la voluntad de descifrar el número exacto de invitados que asistirían sin carruaje de tiro a mi entierro.
Ocho minutos antes de pasar por la iglesia, las estrellas de rosa que despuntaban en el anillo filosofal cesaron en su brillo, al unísono, entristecidas por lo erróneo del resultado.
Mescaline huyó con sus escarpines por sombrero mientras nosotros jurábamos eternos votos de fidelidad frente al calderero.
¡Palabra de rey matemático!




Foto APOD: Rayos cósmicos

martes, 1 de junio de 2010

09. Mariposa


La reina no era de Bandah.
Aún siendo del archipiélago más remoto poseía la gloria de la flor del paraíso.
Quienes la conocieron no supieron averiguar el por qué de su estrella ni tampoco la fragancia que sus gestos despertaban en la ilusión reflectante de los espejos.
Cuando ella frecuentaba el palacio, irradiaba una peculiar sensación de vacío cósmico que los músicos miraban de imitar a toda costa bajo amenaza de muerte.

En el banquete de nuestro noveno compromiso desaparecieron todos los floretes del salón de armas. Rumores extranjeros los situaron en el ala oeste. Los ministros, incluso, barajaron la posibilidad de cargar el muerto al servicio contratado ex profeso para no disgustar al chamán de la corte.
Lo cierto es que (y que no salga de aquí) los escondí yo mismo bajo las faldas carcomidas de un órgano de pared. Me hubiese gustado que los agudos fueran algo metálicos sin perder, por otro lado, la calidez nórdica de la madera seca.


Sabía cosas y eso me gustaba con locura. La vi en contadas ocasiones pero perduró en la cabeza del reino la seguridad meridiana de su porte.
Nunca tuvo malas palabras para sí misma y elogió dos veces las aguas translúcidas en las que crecían los nenúfares peregrinos. Sólo su modista supo imitar como nadie el colorido vergel en sus vestidos de gala, sobre tafetán salvaje y encaje nacarado del Tíbet. Aún se conservan en los armarios reales sus creaciones; en cambio, ningún sombrero la sobrevivió, caían en el ostracismo en el instante preciso que regresaban a su cabello cobrizo.

Un día nos dejó. Salió a montar y su caballo tomó un atajo. Alguien habló años antes de un cabaret ambulante que transcribía recetas de Orión por muy pocas monedas.
Todavía conservo su peine favorito.
¡Palabra de rey consorte!




Foto APOD: Mariposa nebulosa

viernes, 21 de mayo de 2010

08. Luz colgada


Si te parece que Bandah flota a la intemperie en el frío mes de marzo o que su figura estilizada se estremece por el calor de un diciembre boreal, jamás olvides que en mis tiempos todo resultaba menos llamativo.

Luciérnagas floreadas con el estridente sonido de un piano desafinado se asemejan en ritmo y ternura a aquellos peces negros de coral que, aunque amarrados a su arrecife por tiempo superior a una vida, vagan sin remedio río arriba con la llegada de la primavera.
Y a esa estación de ensueño debemos tantos deseos incumplidos. Nunca se habían agolpado de esa forma en nuestros despachos marchitos como en las primeras décadas del solsticio. Disfrazados de esmeralda en los bellos ojos de una virgen o de lapizlázuli en las profundas aguas inertes del lago superior, dichos deseos reblandecen los corazones sin dueño de poetas y químicos organolépticos.
¿Qué sería de los suicidados por amor si sus conexiones mentales no se vieran alteradas por procesos fisicoquímicos relevantes para la salud de todo un pueblo?
¿Dónde iría a desembocar su dolor?
Quizá sea más atractivo para el alma del condenado el puente con cadenas medievales que da la bienvenida al viajero desde el extremo sur del golfo. Pero en la práctica todo pende de igual forma: boca abajo y sin sustancia.
O por lo menos eso es lo que pensaba mi secretario en funciones (en funciones especiales) al que mortificaba sobremanera la visión de los colgados poco antes de la campanada inicial.
Creía yo, ingenuo de mí, que tardaría poco en acostumbrar su estómago al trajín mortuorio de la plaza pero las moscas vinieron a sacarlo de su letargo mareante para llevárselo más allá de las minas perdidas. Y resultó decepcionante (por no decir gratificante) en grado sumo buscarle un sustituto.
Los candidatos recorrían sin descanso los estrechos pasajes que aletargaban mi indecisión ministerial con aplomo operístico en una danza mal ensayada y grotesca. Al final sucumbí a las órdenes del altísimo, girando la rosa de los vientos en mi contra para aplacar la furia desatada del aburrimiento. ¿Acaso no es más sencillo aliarse con el enemigo en tierra franca que menospreciar al rival por su currículum pendenciero?
Ah, qué tiempos aquellos de miel con almendras.
¡Palabra de rey lisonjero!




Foto APOD: Ruta acuática

martes, 11 de mayo de 2010

07. De plomo


Los días plomizos sacuden Bandah de pies a cabeza.
Legiones de ángeles caídos, desposeídos en silencio de la gracia divina, surcan los cielos terciopelo de la urbe en busca de consuelo carnal a cualquier precio sin sospechar que los lechos acogedores son trampas ilusorias de malos augurios.
No se regala nada a cambio de nada, y menos a los perdedores.

En esos días, el blanco (que no existe) tropieza insistentemente consigo mismo mientras, tras las cortinas vaporosas de la niebla, mujeres barbudas y engendros varios se mofan de la torpeza colorista del genio.
No sorprende por tanto que los ángeles carentes de luz propia se agolpen al caer el amanecer en las cornisas desprendidas de las ilusiones humanas, al acecho, por si pudieran congelar en sus retinas un instante pasajero de felicidad.

Siempre les pedí a mis siervos que no se alejaran en los días grises, cuando los caminos más concurridos están; prefería digerir su abandono con el calor estival de una copa de vino en las manos.
Mis sospechas se demostraron inciertas las más de las veces en boca de voces paganas, como la de aquella aspirante a damisela de cuento de hadas; pero no por ello seguí llenando de garabatos la jaula dorada de la azotea. Lo hice sólo por amor al riesgo (y a las alturas).
Qué diferente parece esta ciudad de las demás si la atraviesas con la mirada, sin dejar a un lado la botella. Grillos asmáticos te dan la razón más cordial al sonrosar el criterio antagonista de sus cantos con el tuyo propio, mucho más afectado en las notas graves que simples y mortales animaluchos de tormenta fácil.

Si acabara lloviendo todo estaría justificado, incluso el sacrificio indiscriminado de vestales en el hangar azulón del acantilado.
¡Palabra de rey distorsionado!




Fotografía: Un día nevado cualquiera

viernes, 30 de abril de 2010

06. Añicos


En Bandah se anegaron los pozos el año de la sequía.
Mi secretario seguía todo aquel experimento encaramado a las teorías ptolemaicas sobre el transgredir de los cuerpos en un plano. Ayunaba en vísperas de acertijos con la ilusión de alcanzar la gloria pero tarde caía en la cuenta de que aquello sólo hacia que perjudicar su ya maltrecho porvenir.
Las enredaderas del jardín crecían sin descanso y las fuentes termales escaldaban los bolsillos más exquisitos. Todo permanecía inalterable menos el curso funcional de palacio debido, sobre todo, a la inagotable capacidad del secretario por torcer lo que los ancestros ya habían demostrado como perpetuo.

Yo, por aquel entonces, gustaba de jugar en el invernadero.
Apedreaba sin descanso las conciencias de todos aquellos que lucían esgrafiados sobre el vidrio de Bohemia, sin reparar en lo amargo de las jornadas.
El agua había rehuido los cielos y las gentes ansiaban las tormentas. Algunas bestias desconfiadas huyeron de la ciudad con visados temporales y otras, en cambio, consagraron su estancia al dolce far niente.

Un once de noviembre, no lo olvidaré más, el mundo subterráneo recibió instrucciones de arriba para atajar el clamor popular. Y lo que se preveía sin orden ni concierto, discurrió vehemente y encantadoramente. Tanto que el secretario tomó cartas en el asunto y desprecintó los ventanales que yo, con sudor y puntería, había tardado poco en romper.
Infinitas veces me he repetido la misma canción, variando el tono y algún solista, pero sin mayores consecuencias.
Nadie fue testigo de la fundación ciudadana, nadie estaba por la labor de constatar la hecatombe.
¡Palabra de rey travieso!




Fotografía APOD: Londres de noche

lunes, 19 de abril de 2010

05. De nubes


En Bandah las nubes hacen chiquilladas.
Los húmedos vientos del estrecho intentan pasar totalmente desapercibidos por el peaje invernal; pero delicados pájaros de algodón, centelleantes como el azúcar, se condensan en el azul violáceo del amanecer creando un fondo veneciano inmaculado.

Esas mismas nubes son las que, cargadas de confeti, perfilan el rostro del gobernador o el de la doncella más pérfida del mundo. Se deshilachan la vestimenta y los harapos se consumen sin más en cada nuevo retrato.
Obra pictórica en perenne evolución.

Varado en un campo de trigo verde, rendidas mis velas entre suspiros y promesas, echan a volar mis ojos, aleteos espumosos, conformando un plano cenital inconmensurable.
Los dioses nunca debieron abandonarnos.
¡Palabra de rey buhonero!


Fotografía APOD: Ángel de humo

sábado, 3 de abril de 2010

04. Fase lunar


En Bandah la luna tiene un matiz especial.
Bordada por el fondo, la cámara lenta empecina su tránsito orbital. De esa manera, una sucesión de cuartos, a cada cual más egocéntrico, se perfila a cada lado de la torta gigantesca que cuelga del firmamento.
El punto álgido de la formación acarrea ciertos desajustes en el comportamiento sensitivo de los pobladores, nada que el recuento estadístico no sepa redondear a final de año.
Así, la suspensión voluntaria de la vida honora a los valientes sin que por ello su estirpe sufra castigo alguno. Se rinde culto por la sangre derramada brindando al ocaso su fruto, envuelta ésta entre organzas gaseosas de bellos colores.

Conocí, allá por el 50, a la dama de un suicidado que sobrevivió al dolor ferroso de la muerte. Veló los postreros suspiros del amante en una galería del ensanche, sutilmente ocultada del reflujo lunar.
En sus manos, teñidas aún por el fuego derramado, temblaba el dulce palpitar de un corazón. Residuo mal gestionado de la noche de autos.
La miré a los ojos, y tras las cortinas azulonas, seguía latente el desorden de su alma, la incomprensión por la huída del amor. Su hombre partió sin que ella pudiera recriminarle el afilado desgarro de la afrenta.

Durante la alineación perfecta de las esferas, miles de curiosos se asoman al espectáculo con el afán de interpretar el misterio. Yo desistí hace tiempo, al ver ondear los bajos de su vestido sobre la nieve transparente del solsticio, cuando me explicó su historia y quiso que la acompañara más allá del horizonte incendiado del crepúsculo.
Se puede nadar a contracorriente, sólo es necesario un poquito de imaginación y grandes dosis de cinismo; y yo lo abandoné todo en la primera batalla. Me lo dejé arrebatar simplemente, sin luchar apenas, para evitarme sufrimientos necesarios.

Supe de ella por voces extranjeras un mes antes del terremoto, en una entonación caucásica poco trabajada. Lo poco que saqué en claro fue su asignación a otra persona, más cabal y aburrida que la primera pero menos ilustrada e irreverente que la última.
Alguien los cría y ellos mismos se juntan.
¡Palabra de rey trasnochado!



Fotografía APOD: Luna eclipsada

jueves, 25 de marzo de 2010

03. Dolor en piedra


En Bandah se agrietaron los ríos en el desagüe rocoso de la última pirámide.
Sin apenas emoción, la arena confundió nuestros pies haciéndoles creer en un atardecer de finales de agosto.
Torrentes de barro amasaron nuevos ídolos que, en el futuro, llegarían a ser de carne y paja, como espantapájaros horneados a fuego lento.

Y, sin más, lágrimas venidas de todos los rincones del país abrasaron nuestros rostros y cegaron para siempre el vergel de ecuaciones infinitas.
No supimos salvar la belleza.
Tan sólo los nenúfares, con su raíz de pura agua, se metabolizaron en flores del desierto, tostándose para el resto de sus días en tono Sahara.

Y, a pesar de todo, yo acabé exiliado aquí, por voluntad propia, y a cuenta de un desamor sacudido de pies a cabeza por celos gelatinosos, más propios de los humanos que de las máquinas tragaperras.
7-7-7
Tú siempre ganas.
Y llegué a olvidarme del mar pero no del oleaje que surcaba, entre estrellas, el despertar de sus aguamarinas. Y se me pasó el frío aunque el tacto de sus manos siguiera congelándome la parte del corazón rescatada del incendio.
Y ya no volvieron a surcar las líneas azules del cielo cientos de grullas cantoras; en su lugar, cuervos tornasolados, hologramas camuflados de negro reverendo, me recordaron a diario el dolor que aquella escueta mujer era capaz de destilar en cada palabra, en cada quejido del alma.

Sin ella vivo mejor.
Pero en ocasiones los espejismos me la devuelven mil veces más exuberante. Enredadera virtuosa encaramada a los pies del árbol del pecado.
¡Palabra de rey condenado!


Fotografía APOD: Rocas volcánicas

lunes, 15 de marzo de 2010

02. Cometas a la fuga


A Bandah regresé de joven cuando todavía era capaz de ruborizarme, y no creía yo que aquello fuera a curtirme menos que las guerras de cien años que solíamos festejar día y noche.
Siempre es bueno tejer amistades para toda la vida sin más obligación que el saludo cortés al cruzarse una tarde de mayo por el malecón.
Pero nada dura eternamente, ya lo decían los astros, y en Bandah era fácil morir sin sentir el apremio de una confesión a la luz de la vela que aguarda nuestro reposo.
Unos pies grabados en la arena sosegada del recuerdo, cuando las olas rompientes esquivan su silueta… no fueran a marcharse los granillos por entre los dedos como en un desagüe de la imaginación.

El paisaje de la ciudad pasaría del verde al ocre en apenas unos decenios pero de eso nadie se haría responsable en el final de sus horas. Sólo la sonrisa de una doncella enamorada o el crepitar de unos besos robados al sueño podrían confirmar la evidencia de su destino.
Que las oportunidades pasan, vendaval arriba, vendaval abajo, como las hojas secas que arrastra el otoño mientras la tarta de castañas sube en el horno de la vida,… y que a veces la tonada de una vieja canción nos hace resucitar del sopor más absoluto sin pedirnos cuentas, sólo por el gusto de chispearnos en los ojos cargados de fugacidad.
¡Palabra de rey cometa!


Fotografía APOD: Trazos de estrellas

domingo, 7 de marzo de 2010

01. Horizonte vertical


Bandah, la ciudad del perpetuo retroceso, donde las flores marchitas florecen incluso antes de nacer, no figura en las cartas de navegación al uso.
Aunque todo el mundo sabe, geógrafos y astrónomos incluidos, que la deriva de su faro recala al este del punto más noroccidental del planeta.
El sol bordea el horizonte conocido de su puerto en la hora baja, cuando comúnmente las nubes evaporan el agua de las tormentas.
Rara vez la luna intercede su tránsito pero cuando esto se produce, el rojizo elixir de la estrella se diluye en el firmamento y el blanco nuclear del satélite se abalanza a la conquista del anochecer.
Si llegando el ocaso, la intersección provocara un conjunto vacío, el reflejo de la luna traspasaría el oscuro mar y pernoctaría en él hasta el amanecer del día anterior.
Los pescadores de Bandah, supersticiosos desde su lecho de muerte, devuelven en esos casos el fruto de su esfuerzo a las redes para que puedan repartirlo en sucesivos días de ayuno y abstinencia.
Prácticas así sólo estimulan la holgazanería de los enclaves vecinos que ven cómo la ciudad a la contra se vacía de riquezas vanas.


Si pudiera plantar todo lo que tengo con el fin de conservarlo no viviría tranquilo pues los duendes redentores del señor más ufano del mundo arrasarían mis cosechas con la plaga enfermiza de la indiferencia.
Por ello, mi madurez se siente aliviada de cariño y contempla con desparpajo las puestas de luna desde el pasamanos que divide la escalinata del otoño.
La verticalidad del fenómeno me sorprende relativamente cada día menos. Pero los animales vivos, sensibles a los cambios sincronizados, están empezando a mutar sin sospechar la razón aparente.
Hace tiempo los filósofos consiguieron explicarnos el porqué de las mareas; seguro que los matemáticos, más versados en el arte de la naturaleza irracional, podrán descifrar el gran misterio evolutivo.
Para cuando lo hagan yo ya no estaré aquí, quizás sea una criatura de pocos meses o me haya enrolado en la marina de su majestad.
En cualquier caso, Bandah seguirá pareciéndome la ciudad más hermosa creada por los dioses más incautos del averno.
¡Palabra de rey enterrado!



Fotografía APOD: Eclipse parcial de sol