lunes, 8 de enero de 2018

78. Despuntando




Los heraldos de papel maché desperezan a Bandah de su fiesta invernal. Con una sutura de páginas llenas, hacen de cada soplo un pájaro y de cada mortaja, una nube de porcelana. En esta hora que ruega encamar a los sonámbulos, las estrofas de tanta trompeta suelta espesan lágrimas sobre caretas de frío. Y los peinados de cada violeta de viento se desmoronan por amores en racimo. A cada famosa estrella le corresponde un porcentaje de agujero. Y a toda ciudad de postal, una alborada de cine.

Como una lección bien sulfatada, varios autores se desgañitan a pecho descubierto, entre rodajas de miel y pepitas subordinadas. Recrean acentos moscovitas y espuelas uniformadas como hacen los pensamientos a punto del suicidio toda vez que cientos de tórtolas ya trinaron soles en fa moderato. Esos mismos autores encargan cíclopes y mongoles de rango superior mientras las horas verdean té de absenta en el tubo digestivo de aquellos ángeles perezosos que se apostaron los cortinajes del palacio antes incluso de batir sus rizos en almohadas de ganso plumaje.  

El secretario venga cada retazo de lo visto en recitales negros y nuestro fiel soberano, anclado a los prismáticos de su azotea, sonríe melladamente. A lo lejos, por entre los redondeles: botón de dama, con cuarto al frente.

«En mañanas con este cielo vienen ganas de hacer borrón y cuenta nueva, desprenderse de todo lo que no se abandonó en el sueño y empezar de cero, con una luz nueva pues los sentidos parecen distintos. Sí, decididamente, en mañanas así, da gusto respirar a fondo la vida.»



¡Palabra de rey azulón!




Fotografía APOD: Apenas Venus

jueves, 1 de diciembre de 2016

77. Rayón




En el incontable sinfín de tramas, Bandah se aprisiona en el reflejo de una cama, moribunda y figura hasta la sepultura. Pese a los desencuentros, a los náufragos, o a los poetas que silban su contrahilo a la luz de un castaño sin voz. Que me encanta veros danzar, parece atacar el ego tras las trenzas cobalto de cada general retirado. Sin embargo, cuando al humo se le ve desaparecer, el cabo de urdimbre, en su temporada de escorzos, suda diarios de tinta en decantados espejos. Por donde bajan los soles y ascienden montes de espinos. Por donde zarcillos de envuelto escote otorgan besos en secretos incendios. ¡Qué difícil ser patriota con el hambre bien vacío de pieles y jadeos! Para que llegue una juarista o una ladrona de medio pelo ante el jergón macilento de su vestido azul y cada volante salvaje escupa alejandrinos, como terciando cabos diagonales y coletas altas en pos de una primera guarnición de asaltos lujuriosos. ¿Juntos irían, entonces, unos dedos desorbitados y otras caderas infiltradas?

Conchabado en su sano juicio, nuestro rey saltaría de pisada en pisada. Al margen de las rubias, de las de color chocolate, pues su frenesí de yacer en paz, como barco a la deriva, traería amaneceres cobalto, de agujero entrepierna. Y manos alzadas, y agonizantes gaznates, y alguna que otra flema carrasposa. Dadme hilos y urdiré sedosas pelucas, sin carteras ni bolsillos. Cantando a cuplé lo que la cigarrera fume o fenezca tras los cristales de alegres ventanales.



¡Palabra de rey sobrehilado!




Fotografía: Paisaje de colcha, de Marisa Candal



sábado, 5 de noviembre de 2016

76. Flor (ecente)




Extrarradios cosmonautas, allí por donde Bandah suspira a pierna suelta, y los hijos borrachos de velas limón mapean aborígenes soles. La tristeza bordea sin pesar adoquines y pelajes, elucubrando escarabajos y raíces de frentes peludas tras lo cual uno se interroga… ¿puede personificarse la discordia y recalar hipérboles paréntesis? Viene entonces el secretario a llorar sauces, barajando follajes en la pátina congelada de nuestras lentes; y con enjundia, al unísono distancia y vergel, mis bigotes arrancan malos humos de tripas halcón. Y en esas, el piloto agita y destroza los mandos, suspira verdes hortensias y cabrea al calvo diapasón que otea cencerros…

Dejaos de escándalos negros y trillad las curvas barbudas de pelirrojos estrépitos, que soy vuestro rey y no un fracaso extinguido de cactus y borregos… Id al frío de gris y encended al ralentí corazones y espigas, de lotos gigantes, sí… Que la parálisis enzarzada escriba granos sedientos de mar, entre bólidos comerciales y naves por alunizar…

Y entre la morralla de dichos monacales, el oráculo ciega embalses y reabre tránsitos mundanos. ¡Que lo que se desprende de sueños presente no quiera ser muy lejano! O tan sólo de un estiércol gomero, de aquel que reabre mayúsculas libreas. Canalizada la flor de la vida, el maldito silencio terremota las carreras de heraldos y chinches,… en áticas terrazas, en luneros abrazos,… en padres rotos de soledad.



¡Palabra de rey jardín!




Fotografía APOD: Aviones en la luna