jueves, 1 de febrero de 2018

79. Pastos de fuego






El catalejo de Bandah sigue oteando al botón de dama. El ojo antiguamente perfumado describe órbitas centenarias  y el dueño de nuestras hazañas presiente al fondo de su retina palatina bellos andares azarosos, curvas virtuales en rosa y un pozo al cual tirarse de cabeza. Pues intuye mucha mujer en cada consejo encarnecido. Así que el ojo deforme y trastocado en deseo sobresale en cada una de las frases de cortesía que la cítara emula en sus cuerdas borradas. Y el ruido de mis sollozos al perpetrar volúmenes y desatinos no altera en equivalencia alguna la chaladura del monarca ajardinado. Que su corazón retumba de esperanza mientras los súbditos y la noche callan de ignorancia.

Los vericuetos oculares dan luz a tamaña mujer, pese a su distancia, pese a lo inconsistente de su, hasta ahora, fogoso trato. La ciudad honraría siglos de llanuras con el envío de despachos para conquistar tan alegre tormento. Porque, sí, la ciudad querría tener un dirigente arrobado en las juntas, los aniversarios y atravesando puentes cangrejo. Y aunque se evitarían muchos quebrantos con pócimas y brújulas sin norte, el eterno retroceso de Bandah inflamaría de nuevo largos crepúsculos en manuscritos iluminados.

Y en los abrasados proyectos que corren bajo la corona del reino, la piel nítida y gardenia de dicha dama reverbera eclipses, dando fuego y canto de sirena para suficientes años de espera.


¡Palabra de rey flechado!




Fotografía APOD: Venus, polo norte

lunes, 8 de enero de 2018

78. Despuntando




Los heraldos de papel maché desperezan a Bandah de su fiesta invernal. Con una sutura de páginas llenas, hacen de cada soplo un pájaro y de cada mortaja, una nube de porcelana. En esta hora que ruega encamar a los sonámbulos, las estrofas de tanta trompeta suelta espesan lágrimas sobre caretas de frío. Y los peinados de cada violeta de viento se desmoronan por amores en racimo. A cada famosa estrella le corresponde un porcentaje de agujero. Y a toda ciudad de postal, una alborada de cine.

Como una lección bien sulfatada, varios autores se desgañitan a pecho descubierto, entre rodajas de miel y pepitas subordinadas. Recrean acentos moscovitas y espuelas uniformadas como hacen los pensamientos a punto del suicidio toda vez que cientos de tórtolas ya trinaron soles en fa moderato. Esos mismos autores encargan cíclopes y mongoles de rango superior mientras las horas verdean té de absenta en el tubo digestivo de aquellos ángeles perezosos que se apostaron los cortinajes del palacio antes incluso de batir sus rizos en almohadas de ganso plumaje.  

El secretario venga cada retazo de lo visto en recitales negros y nuestro fiel soberano, anclado a los prismáticos de su azotea, sonríe melladamente. A lo lejos, por entre los redondeles: botón de dama, con cuarto al frente.

«En mañanas con este cielo vienen ganas de hacer borrón y cuenta nueva, desprenderse de todo lo que no se abandonó en el sueño y empezar de cero, con una luz nueva pues los sentidos parecen distintos. Sí, decididamente, en mañanas así, da gusto respirar a fondo la vida.»



¡Palabra de rey azulón!




Fotografía APOD: Apenas Venus

jueves, 1 de diciembre de 2016

77. Rayón




En el incontable sinfín de tramas, Bandah se aprisiona en el reflejo de una cama, moribunda y figura hasta la sepultura. Pese a los desencuentros, a los náufragos, o a los poetas que silban su contrahilo a la luz de un castaño sin voz. Que me encanta veros danzar, parece atacar el ego tras las trenzas cobalto de cada general retirado. Sin embargo, cuando al humo se le ve desaparecer, el cabo de urdimbre, en su temporada de escorzos, suda diarios de tinta en decantados espejos. Por donde bajan los soles y ascienden montes de espinos. Por donde zarcillos de envuelto escote otorgan besos en secretos incendios. ¡Qué difícil ser patriota con el hambre bien vacío de pieles y jadeos! Para que llegue una juarista o una ladrona de medio pelo ante el jergón macilento de su vestido azul y cada volante salvaje escupa alejandrinos, como terciando cabos diagonales y coletas altas en pos de una primera guarnición de asaltos lujuriosos. ¿Juntos irían, entonces, unos dedos desorbitados y otras caderas infiltradas?

Conchabado en su sano juicio, nuestro rey saltaría de pisada en pisada. Al margen de las rubias, de las de color chocolate, pues su frenesí de yacer en paz, como barco a la deriva, traería amaneceres cobalto, de agujero entrepierna. Y manos alzadas, y agonizantes gaznates, y alguna que otra flema carrasposa. Dadme hilos y urdiré sedosas pelucas, sin carteras ni bolsillos. Cantando a cuplé lo que la cigarrera fume o fenezca tras los cristales de alegres ventanales.



¡Palabra de rey sobrehilado!




Fotografía: Paisaje de colcha, de Marisa Candal